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Versos de hilo negro

Conocer a alguien a quien admiras es peligroso, porque de tan normal que puede llegar a ser la persona admirada te puede terminar decepcionando. A mí ayer me ocurrió justo lo contrario. Conocí a Toni, Carlos y Mario, baterista, bajista y teclista respectivamente de Elbicho. Los fui a entrevistar a su oficina y de tan mundano que era todo casi me sentí como invadiéndoles el espacio.

El cuartel general está en Carabanchel, en un edificio en el que en principio pensarías que vas a encontrar una familia trabajadora muy castiza, o quizá todo lo contrario, de las de los nuevos madrileños. Y sin embargo, el entorno es tan absolutamente cotidiano, un cubo con una fregona, un ordenador en el que se oye música (más rockera que flamenco), y artículos personales, que por momentos tienes la sensación de que has estado allí ya, o que te va a costar marcharte. O que estás interrumpiendo la tranquilidad de un hogar.

Conocí a Elbicho en la distancia, viviendo fuera de España, y así me gustaron y así aprendí a disfrutar de lo que hacen. Sin la cercanía de poderlos ver tocar de cerca y con mucho tiempo para escuchar su música, aprenderla y diseccionarla en el disfrute. Y lo que más me llama la atención de lo que hacen es que son unos músicos virtuosos. Cuando oyes sus discos te da la sensación de que tienen tan interiorizada la música, sea cual sea el estilo, que parece que les sale sola. Por eso, en mi opinión, la fusión que hacen suena tan natural.

La palabra fusión está tan manida y se aplica tanto a tanta cosa que suena, que usarla para definir a elbicho me molesta. Lo suyo no es un ‘vale todo’ o un ‘me gusta el flamenco pero no me saques de la rumba’. Son músicos. Y las canciones pueden sonar a muchas cosas. Son flamencos. Pero también suenan a los 70, suenan a funky, suenan a rock progresivo. Después de tres discos, suenan menos a Los Chichos, a Triana o a Camarón, y más a ellos mismos, más a una secuencia sonora que a canciones con un esquema cerrado estrofa-estribillo-estrofa. Sobre todo, suenan a Elbicho.

Además de una agradable conversación en la que me hablaron de la música que hacen y un poco de todo lo que la rodea (que era de lo que se trataba) me descubrieron grupos a quienes ellos admiran. Carmen, un grupo del que me muestran una actuación en los 70 en un programa de televisión que hacía David Bowie (¿alguien puede imaginarse algo así en España?). Y de ellos me cuentan incluso una anécdota personal, un contacto a través de un hijo y por supuesto, a través de la música, del ‘flamenco apayao’ (que podría traducirse como el flamenco que hace un grupo de chicos con muchas influencias fuera de este arte) que los define.

Esta noche tocan en Madrid, en el Palacio de Congresos. Un espacio más propicio para la intimidad con el público que en espacios abiertos o en pequeñas salas de acústica dudosa. Un concierto que viene de otro en el mismo lugar, con un lleno total y buenas críticas.

Mañana, el concierto estará disponible en Central Musical. Para todo el que guste de la buena música, tiene una cita con elbicho.

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