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El Mantón que vino de oriente

Aunque actualmente no es tan común ver el mantón de Manila como parte del baile flamenco, es un elemento natural en él. Suele ser adorno de flamencas, cantaoras y bailaoras. Una de las que suele usarlo en sus presentaciones es Estrella Morente. Pero algunas bailaoras lo han incorporado a su coreografía, como Blanca del Rey, que incluso le ha creado una soleá.

La historia del mantón, como en buena medida, la propia historia del flamenco, es una historia de mestizaje y de creación a partir de distintos elementos culturales. Lo que ahora nos parece común y parte de la estética flamenca, partió de una historia de tabaco. Al baile se incorporó al tiempo que lo hizo a la moda de la época, hace un par de siglos. Mucho después de que llegase a España, por el río de Sevilla.

Cuenta la leyenda que los barcos traían las hojas de tabaco desde Filipinas a la Fábrica de Tabacos de Sevilla envueltas en paños de seda para su mejor conservación. La fábrica, la instalación fabril más antigua de Europa, comenzó en la plaza de Cristo de Burgos, donde antes había estado un corral de comedias. Era 1620 y se fabricaba tabaco de rapé, introducido por los marinos provenientes de América y popularizado en las cortes reales de Europa. En 1758, cuando la producción y la venta eran ya monopolio del Estado, se inauguró la planta en la calle San Fernando, determinante en la vinculación del tabaco con Sevilla.

Cuenta la leyenda que las cigarreras que trabajaban en esta fábrica aprovechaban esos paños como rebozos para protegerse de la humedad cuando cruzaban el Guadalquivir de madrugada desde Triana, donde residían. Los paños venían bordados con motivos asiáticos y ellas les añadían los flecos. Cuando se perdieron las últimas colonias, en 1898, los retales de seda dejaron de venir decorados y ellas mismas comenzaron a bordarlos, creando sus propios diseños.

Así nació el Mantón de Manila, según cuenta la señorita Rosi, dependienta de Foronda, una casa que los borda y los vende desde hace tres generaciones en Sevilla. Para Rosi, la relación de la prenda con el tabaco era beneficiosa para ambos: no sólo la seda evitaba que se sequen las hojas, sino que también el olor que éstas dejaban en el tejido alejaba las polillas y los ácaros. Hoy hay muchos tipos de mantones. El Mantón Imperio es el más caro del mercado: en Foronda, su precio oscila entre 1.200 y 3.000 euros. El enrejado del fleco, muy difícil de confeccionar, y el bordado, son los principales responsables de su alto coste. Todo se sigue haciendo a mano.

Pero no era así en tiempos de Carmen, la cigarrera, que pasó a la historia universal de la mano de un escritor, Prosper Merimée, y un compositor, Georges Bizet, ambos franceses. La mujer real que inspiró el mito creado por la novela y la ópera vivió en los años 30 del siglo XIX y era una cigarrera más de las que bordaban mantones y se adornaban el pelo con moñas de jazmines. El mito romántico le añadió poder de seductora que enamoraba a bandidos y señores y que murió asesinada tras un ataque de celos de un soldado.

El personaje representa, más allá del mito, a la mujer que trabajaba en la Fábrica de Tabacos de Sevilla: luchadora, independiente, reivindicativa, que no vivía bajo el mandato de ningún hombre. Eran obreras en un tiempo en el que el espacio reservado para la mujer urbana era el hogar. Si bien en los inicios de la producción de tabaco en Sevilla los obreros eran hombres, en 1813, tras la Guerra de la Independencia contra Napoleón, se incorporaron las mujeres. Hubo que reconstruir la ciudad, por lo que se hizo necesario el trabajo de todos. A partir de ahí, la fábrica fue territorio femenino. Las manos de las mujeres, además, más finas, servían mejor al trabajo de liar los cigarros.

Las cigarreras cobraban parte de su salario en especie, por lo que muchas, tras su turno en la fábrica, acudían a las tabernas a vender el producto. Y de ahí, el mantón saltó a la moda de la época. También a las flamencas. Pastora Imperio fue una de las que mejor lo manejó, y más allá de usarlo como simple adorno, lo incorporó a su danza. También su discípula Matilde Coral. Y crearon escuela. No es fácil manejarlo en el escenario. El mantón es pesado, y moverlo a compás requiere su técnica. De las seguidoras de Pastora, Blanca del Rey es conocida, justamente, por haber creado un baile en el que el mantón es protagonista, su soleá del mantón.

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