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Letras que dicen mucho

No es un disco nuevo, fue editado en 2002, pero yo lo he conocido recientemente. Se llama Cantes flamencos republicanos y bajo este título se agrupan fandangos, milongas, y colombianas con letras alusivas a la II República española. Probablemente este periodo de la historia española (1931 – 1936) sea el que mayor compromiso político tuvo en las letras flamencas, hasta fechas más recientes. Es importante recordarlo ya que, como cuenta el flamencólogo y poeta Félix Grande en su libro Memoria del flamenco, es este un arte que siempre ha estado comprometido con el sufrimiento de un sector de la población, el gitano, pero no lo ha hecho a través de la denuncia social. Las letras de los cantes casi siempre abordan la vida de una forma íntima, a través de escenas cotidianas que muestran las penalidades del pueblo, en el hogar, en la familia.

Sin embargo, cuando el rey Alfonso XIII sale exiliado y se proclama el nuevo sistema político, proliferan las letras que ensalzan este periodo. Muchos de sus intérpretes fueron perseguidos después, pero algunas de ellas todavía hoy se interpretan. Es el caso de unos tangos que popularizó la Niña de los Peines, que hablan de la belleza del puente de Triana con la bandera tricolor. Pero hay otros cantaores que también hicieron este tipo de letras y hoy casi están en el olvido. Sobre todo se cantaron fandangos, cante de moda además en aquel tiempo, pero también se llenaron de referencias sociales y políticas los cantes levantinos, a la bandera, a la República o a sus héroes, como Riego o Fermín Galán:

Al grito de Viva España
después de escuchar el himno
al grito de Viva España
canto un fandango gitano
y en él llevo puesta mi alma
como buen republicano.

En abril se proclamó
la República Española
la bandera que enarbola
por la que el pueblo luchó
tres colores acrisola.

Algunos de los artistas que aparecen en el disco fueron los más populares del momento: Manuel Vallejo, el Chato de las Ventas -fusilado al inicio de la Guerra Civil por su compromiso con la República- o Guerrita, que justamente ganó su sobrenombre por su compromiso con la situación política del momento que vivió. José Ruiz Arroyo, El Corruco de Algeciras, cantó campanilleros a la santa igualdad, y milongas a Gil Robles. José Cepero y Luis Maravillas se convirtieron, además, en los líderes sindicales del flamenco.

Las cosas cambiaron en la guerra. Los que pudieron, como en todos los demás órdenes de la vida, se exiliaron, al menos los primeros años, y se instalaron fundamentalmente en los países de América Latina. Pero algunos otros se quedaron, como la Niña de los Peines, y sobrevivieron como pudieron tanto durante la guerra como durante la etapa siguiente, la dictadura de Franco. Las letras volvieron a fijarse en los elementos más familiares, pero algunos intentaron como pudieron eludir la censura en sus letras, sobre todo en los últimos años de la dictadura. Es el caso de José Menese, considerado todo un símbolo como lo son músicos de otros estilos, con discos como Cantes para el hombre nuevo en el que se incluye un poema que Blas de Otero escribió para él.

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