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Pasado y presente en David Palomar

Un par de años le ha costado a este gaditano del barrio La Viña grabar y poner en circulación su debut como cantaor. Trimilenaria es el primer trabajo solista de David Palomar, un homenaje a su ciudad, autoproducido y que, sin ningún tipo de promoción, está funcionando mejor que bien de ventas en el circuito especializado de flamenco.

El disco es fresco, con coros en algunos cortes pero con un fuerte pellizco en otros. Las malagueñas del Mellizo son suficientes para demostrar que el arte de Palomar no será flor de un día. Probablemente, lo mejor del disco. Curtido en el cante de acompañamiento para el baile (entre otros, Javier Barón, Cristina Hoyos o Isabel Bayón) y para guitarristas concertistas como Vicente Amigo y Gerardo Núñez, no estuvieron sus orígenes en el flamenco, sino en el carnaval. Formó parte de agrupaciones infantiles y juveniles y ahí se fue dando cuenta de lo que es estar encima de un escenario. Luego se fue orientando hacia el flamenco, y recién estrenada su mayoría de edad grabó su primer disco como cantante en una agrupación de pop aflamencado, Levantito (1998), que pasó sin pena ni gloria fundamentalmente por la falta de apoyos.

El debut de David como cantaor de alante, que viene avalado, entre otras cosas, por el premio del Concurso Nacional de Cante de Córdoba que ganó el año pasado, tiene un poco de todo lo que este cantaor quiere ofrecer. No podría ser más personal. Palomar pone voz, letra y música, salvo en un par de cantes por tangos, Trimilenaria, cuya música es de Ricardo Rivera y Miradas Perdidas, con música de Keko Baldomero. Las guitarras son de dos colaboradores habituales de David, Keko Baldomero y Rafael Rodríguez, salvo en dos cortes, las alegrías y la seguiriya, en los que le acompaña Moraíto Chico.

Su voz es aguda, pero seca, con potencia y pocas florituras. El trabajo es original, fundiendo pasado y presente, capaz de ofrecer una bulería dedicada a La Paquera de Jerez con unos compases recitados al estilo de Tomasito y un pregón de Macandé o unas malagueñas del Mellizo.

Está especialmente acertado Palomar, además de en la malagueña (Santo Domingo), en sus alegrías, El niño del Mentidero, en verdad alegres y disfrutadas en el cante. También en los tangos Miradas perdidas, que con una voz doliente relata el drama de la inmigración clandestina. Y tremendamente original y sabroso el pregón de Macandé (Suerte de varas), que con los sonidos que añade de la plaza de toros recrea perfectamente el ambiente que Palomar transmite con su voz y que remata con acierto con unos fandangos también de Macandé. Buen debut el de Palomar, y mejor directo, como el que ha protagonizado recientemente en el Alcázar de Sevilla. Desde aquí, muchos éxitos.

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