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Mujeres de raza

La Perla de Cádiz, Encarnación Marín, La Sallago y Adela La Chaqueta. Tres mujeres de casta que estrenan disco. Mujeres de la Bética es el nombre del trabajo, publicado por la compañía de discos Universal en su colección El Flamenco es Universal. La discográfica presentó hace unos meses la colección, que pasa por reeditar su fondo de grabaciones flamencas, a precios populares. Grabaciones realizadas desde los años 50 que nos devuelven a los clásicos: Antonio Mairena, El Niño de Barbate, Niño Miguel, Fosforito, La Perrata, La Paquera de Jerez, Manolo Caracol, Porrina de Badajoz, Sabicas, Terremoto de Jerez, Ramón el Portugués…

Me quiero detener en Las Mujeres de la Bética. Recoge grabaciones realizadas entre 1964 y 1972 de tres mujeres de carreras dispares pero esenciales en el flamenco, acompañadas aquí por guitarras fundamentales en el flamenco también como son las de Paco Cepero y Ramón de Algeciras. La Perla de Cádiz es probablemente la más conocida. Antonia Gilabert Vargas (1925 – 1975) sigue siendo hoy una de las voces femeninas fundamentales del cante. Fue hija de guitarrista y cantaora, por lo que su vida fue flamenca desde la cuna. La Perla, que además fue siempre la gran referencia en el cante para Camarón de la Isla, es recordada sobre todo por sus bulerías, pero cantó como pocas también por alegrías, soleares, tientos, tangos y saetas. En el disco de Universal se recogen seis cantes, por tientos, bulerías, rumba, y fandangos.

De Adela Fernández Jiménez, más conocida como Adela La Chaqueta (1918 – 1995), a penas quedan grabaciones y, sin embargo, fue una de las cantaoras fundamentales en su época. Debutó con sólo 15 años en el espectáculo Las Calles de Cádiz, junto a la bailaora de más renombre entonces, La Argentinita, y en el que participó también su hermana, Pilar López, recientemente fallecida. La cantaora es recordada también hoy por ser una mujer de rompe y rasga, que vivió su vida con una libertad y una decisión no muy común en la época en que le tocó vivir, en la que las mujeres vivían supeditadas a las vidas de sus hombres. En este disco aparecen dos cantes, una canción aragonesa y una canción, ambas por bulerías, estilo en el que destacó.

La tercera mujer de raza que completa el disco es Encarnación Marín, La Sallago (1919-). De ella aparecen en la colección doce cantes. No es gitana, y sin embargo, su voz sigue llevando a pensar a muchos que pertenece a la raza calé. Es la única de las tres, además, que sigue viva y en contadas ocasiones deja todavía disfrutar de su cante. De Sanlúcar de Barrameda, tuvo La Sallago sin embargo una vida profesional tardía. Era de familia cantaora, pero no profesional. Nació en una familia humilde, dedicada a la venta del pescado, y en este ambiente fue que La Sallago comenzó a cantar, voceando la mercancía que vendía de niña. Sin embargo, hasta que enviudó, en 1969, no se dedicó a cantar profesionalmente, y lo hizo como saetera primero en las procesiones de Semana Santa de la zona. Fue la familia Domecq quien descubrió su talento y la llevó a los ambientes de las fiestas jerezanas y de ahí desarrolló una vida profesional, en la que, además de gran saetera, demostró su talento por muchos otros palos, como se recoge en estas grabaciones.

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