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Cancionero de Pepe Pinto

Una editorial sevillana (Extramuros) se ha dado a la labor de rescatar libros antiguos y publicarlos como facsímiles. Tienen una interesante colección de libros que giran en torno a la temática flamenca, como las colecciones de cantes de Antonio Machado y Álvarez, Demófilo, uno de los primeros flamencólogos. Pero además han editado colecciones de los cantes que popularizaron a principios del siglo XX las figuras de la época, como Canalejas, el Niño de Marchena, La Niña de los Peines o su marido Pepe Pinto.

Me llama la atención el librillo de Pinto por lo que implica de revalorización de un cantaor que en su día fue muy popular entre el público y que ha pasado a la historia asociado a la gran cantaora que fue Pastora Pavón. El reconocimiento del Pinto le llegó más por dedicarse a la ópera flamenca, de moda en la primera mitad del siglo (fandanguillos, cantes de ida y vuelta, canciones flamencas, todo recogido en el libro editado por Extramuros) que por mayores jonduras. Sin embargo, es casi un lugar común reconocer sus cualidades artísticas, las posibilidades que podría haber desarrollado si se hubiera decidido por una carrera más flamenca que la que hizo. El cancionero publicado recoge también cantes por soleá, seguidiyas, tarantas, media granaína y pregones.

José Torres Garzón, nombre real de Pepe Pinto, nació en Sevilla en 1903. Se casó en los años 30 con Pastora Pavón, Niña de los Peines, constituyendo con esta unión sentimental una auténtica institución en el flamenco sevillano. El matrimonio tenía un bar en el centro neurálgico de Sevilla, en La Campana, lugar donde hoy hay un despacho de lotería. Juan Peña, el Lebrijano, me contaba en una entrevista que siendo el matrimonio ya mayor él acompañaba a la de los Peines y hacía de lazarillo.

“Ella estaba ya muy mayor y su marido, Pepe Pinto, decía que se le iba un poco la cabeza, así que yo la acompañaba. Ella se ponía celosa de las loteras y de otras mujeres, aunque Pepe estaba operado de la próstata y estaba impotente… A ella le encantaba ir a comprarse sus cositas, sus bolsos, sus collares, sus peines, eso a ella le encantaba. Llegó a contarme cosas que yo jamás le podré contar a nadie…”

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