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‘Rojo el Alpargatero’ hijo y los cantes de levante

Hay tres nombres fundamentales en la historia de los cantes minero-levantinos por la labor de rescate que llevaron a cabo y que se añaden al trabajo que hizo el maestro de maestros Antonio Chacón. Yendo de adelante hacia atrás, es decir, del más reciente al más antiguo, el primer nombre en esa cadena fue Antonio Piñana, que durante los años 50 del siglo XX se dedicó a aprender, conservar y difundir estos palos, que estaban en desuso hasta la llegada del Festival de cante de las minas de La Unión en los 60, que los volvió a poner en órbita.

Para que Piñana se interesase por estos cantes tuvo que encontrarse con el segundo nombre de esta cadena. Es Antonio Grau Dauset, Rojo el Alpargatero hijo (Málaga, 1884 – Madrid, 1968), que heredó de su padre el gusto por el flamenco.

Dicen los que investigan sobre esto que hacia mediados del siglo XIX, cuando la minería en La Unión estaba en pleno apogeo y no paraban de llegar trabajadores de otros puntos de la geografía cercana, los emigrados traían consigo sus cantes de campo como la trilla, la siega o la madrugá. En el asentamiento minero vivirían su transformación hacia tarantas, tarantos, cartageneras, granaínas, etc, o lo que es lo mismo, hacia los palos minero-levantinos. Y dicen también que la figura fundamental en darles asiento y la forma que tienen hoy fue Antonio Grau Mora, más conocido como el Rojo el Alpargatero, por tener el pelo de ese color y dedicarse en su juventud a dicho oficio. Grau, que hasta instalarse en La Unión vivió en Málaga, Cartagena y Almería, montó en la ciudad minera una posada que luego transformó en café cantante en el que se dio a conocer como cantaor.

Ahora se publica un disco-libro sobre su hijo. Lo hace la editorial La Hidra de Lerna Ediciones en una coproducción, por así decirlo, con Discos Probeticos, la casa discográfica creada por en cantaor Enrique Morente quien, además, es el autor de prefacio del libro y estuvo presente en su presentación el pasado miércoles en la Diputación Provincial de Almería. Se titula Antonio Grau, Rojo Alpargatero hijo. El último de una saga flamenca y lo ha escrito José Gelardo Navarro, profesor e investigador que ya ha realizado otras publicaciones anteriores sobre los cantes minero-levantinos y la figura de Rojo el Alpargatero.

Rojo el Alpargatero hijo vivió con su familia durante su infancia en Málaga, Cartagena y La Unión. Pero decidió hacer carrera como cantaor en Madrid. Allí trabajó en algunos tablaos antes de marcharse a París a grabar una serie de discos en la casa Pathé. Después, como parte de una compañía artística, recorrió Rusia antes de la Revolución de 1917, desde donde tuvo que salir huyendo atravesando Siberia para recorrer medio continente asiático antes de regresar a Madrid en 1920, donde volvió a grabar, ahora acompañado a la guitarra por Ramón Montoya.

El libro rescata la vida de este cantaor y además lo hace acompañado de un disco con algunos de los cantes que dejó inmortalizados en discos de pizarra, ahora digitalizados y recuperados con una composición para la ocasión hecha por el guitarrista Pedro Sierra.

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