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Lección de arte de la Yerbabuena

Soberbia. Con cada coreografía, Eva Yerbabuena da un paso más en la perfección de su danza. Lluvia no es una excepción. Estrenó el espectáculo en el Festival de Jerez y anoche lo presentó en Madrid, en el Teatro Español (donde estará exhibiéndose hasta el 15 de marzo). El espectáculo tuvo una primera parte de danza contemporánea salpicada por momentos flamencos y una segunda parte del flamenco más tradicional. Una coreografía pulcra, con perfectas transiciones, de movimientos precisos, de sincronización en el selecto cuerpo de baile que acompaña a la granadina (Mercedes de Córdoba, Irene Lozano, Eduardo Guerrero y Fernando Jiménez), una música creada lúcidamente para la ocasión (por Paco Jarana, con el que la Yerbabuena hace tándem en la compañía y en la vida) e interpretada magistralmente por Manuel de la Luz, Manuel José Muñoz el Pájaro y Raúl Domínguez y una escenografía mínima pero imprescindible.

El silencio juega un papel fundamental en una obra que quiere reflexionar sobre la melancolía, la soledad, el aislamiento. Un silencio que se baila y que incluso calla al cante. La ceguera o el lenguaje para sordos se cuelan en la coreografía para apuntalar la idea. Y los recuerdos, marcados también por el vestuario y la escenografía, con un cierto sabor añejo que crea una postal de otro tiempo. Todo el espectáculo está construido sobre estos sentimientos, que la bailaora y sus acompañantes interpretan (la Yerbabuena baila, literalmente, el cante y el silencio) para crear una sensación de angustia brutal sobre cantes casi en desuso, reinterpretados para la ocasión de una forma libre (taranta, milonga, murciana, levantica, taranto…).

Hay un momento de respiro: llegan los tanguillos de Cádiz y las alegrías. El público madrileño, probablemente descorazonado y aturdido con lo que ha visto hasta ese momento, tarda en reaccionar ante la exhibición de arte de los bailaores, que explotan con un baile racial, de braceo exquisito, de pies rítmicos y bien colocados en las escobillas.

El cierre lo pone Eva Yerbabuena sola con sus cantaores (Enrique el Extremeño, Pepe de Pura, Jeromo Segura y José Valencia) bailando primero una soleá contundente, ataviada con una bata de cola negra que la granadina maneja a su antojo, ahora suave, medida, poniendo el peso en el braceo y las caderas, ahora en una escobilla de pies eléctricos. Después con los cuplés, por bulerías, arropada al fin con un mantón rojo.

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