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Fuerza, veteranía y juventud

Anoche arrancó en Madrid el ciclo de flamenco del festival Veranos de la Villa. Lo hizo con cante de fuerza, entrega y pasión. En blanco y negro. El blanco de una camisa de volantes y de una voz, la de la joven onubense Rocío Márquez, fuerte y sonora, limpia y en desarrollo, que llenó los Jardines de Sabatini en la primera parte del recital. El negro lo pusieron la camisa y la voz de José Domínguez, El Cabrero. Fueron el dolor y la oscuridad en la segunda parte de una noche fresca y de patio de butacas lleno.

El Cabrero es un cantaor singular. Anoche lo volvió a demostrar. El público abarrotaba los Jardines, algunos con camisetas del cantaor, expectantes, luego conmovidos con el arte del sevillano que comparte su pasión por el cante con el del campo y el cuidado de sus cabras. Anoche volvió a exhibir su voz potente, fuerte, sobria y furiosa que levantó ovaciones desde sus primeros cantes por soleares. Vestido con su atuendo característico, de negro riguroso, sombrero y pañuelo en el cuello, el Cabrero cantó con rabia y con dolor. La guitarra nerviosa y agitada de Rafael Rodríguez, algo acelerada, dificultó el disfrute del cantaor con su cante, pero incidió en la rabia y la fuerza. El público apreció, en cualquier caso, su toque rítmico, armónico, característico de la escuela de Morón.

Cantó el de Aznalcóllar por soleares, malagueñas, fandangos y algunas de las adaptaciones por bulerías que tiene en su repertorio de canciones libertarias, levantando al público de sus asientos con letras como “ni guerra, ni dios, ni amo”. No deja de ser curioso escuchar a este flamenco, vinculado con el anarquismo andaluz, rebelde y libertario, reclamar la República en el escenario de los jardines de un palacio, el Real, anoche fondo recio de la figura oscura del cantaor. Habrá quien piense que es una osadía hacerlo, incluso una falta de respeto. Quizás el cantaor pensó que justo este es el lugar para cantar sus letras, impregnando los rincones del jardín de sus deseos de un mundo más justo.

Quiso hacer también el Cabrero un particular homenaje a Manolo Caracol. “Ya podía yo haberlo influido en ideas”, se lamentó en la presentación, “pero me quedo con el duende y el genio”. Su personal revisión del Carcelero volvió a poner en pie al público. El cantaor se sintió anoche a gusto en el escenario, saliendo hasta tres veces a complacer a su “querido público”, como constantemente repetía. Cerró con unos fandangos de letras un tanto guasonas, y por petición popular, añadió uno de sus temas más repetidos en los escenarios, Luz de luna.

Voz joven y poderosa

La voz de Rocío Márquez, ganadora de la Lámpara Minera (máximo galardón) del Festival Internacional de Cante de Las Minas de La Unión el año pasado, fue la primera en llenar los Jardines de Sabatini. Lo hizo con la guitarra elegante de Guillermo Guillén, que le acompañó sin robarle protagonismo, dándole espacio en su cante melódico, de tercios largos y compás adormecido. También estuvieron con ella el cajón de Jorge Pérez y las palmas de Juan Aguirre y Marcos Jiménez.

Márquez demostró anoche que tiene una voz sobrada, con melismas de sabor antiguo, que trae a la memoria voces como la de Juan Valderrama. Arrancó por serrana y verdial, y siguió con cantes en los que se sintió segura, cómoda, más alegre que profunda. Fandangos, cuplé por bulerías, farruca y milonga, tangos y bulerías en el cierre, todos exhibiendo su voz, más en los tonos medios aunque, como bien demostró anoche, sin miedo a los más altos, que domina con potencia y afinación. Lástima que prefiriese no entrar en los cantes de levante más que en una letra por mineras, después de que son los que más puertas le han abierto.

Rocío Márquez, que sólo tiene 23 años y que desde muy pequeña recorrió escenarios y concursos infantiles buscando un hueco en el cante, comenzó a hacer sonar su nombre más intensamente después de su paso por el festival de Las Minas del año pasado. Tuvo un éxito que no se repetía desde el paso de Miguel Poveda en 1993. Formada en la escuela de Cristina Heeren de Sevilla, tiene conocimientos y tiene voz, pero también una larga carrera por delante. Aún tiene que buscarse en su cante, explotar otros registros, incomodarse y experimentar para ser una gran cantaora. La base está ahí, anoche lo demostró y puso en pie al público, que seguro recordarán su recital.

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