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Morente, en directo y en familia

Es difícil abarcar a Enrique Morente (Granada, 1946) en un solo post. Este blog está salpicado con entradas sobre él, pero es complicado resumir su obra y su significado en cuatro párrafos. Inteligente, bohemio y por encima de todo libre, defensor de la democracia y la poesía, decir que Morente es un creador incansable no significa descubrir la pólvora.

En estos días publica un disco, Flamenco en directo, una recopilación de cantes hechos sobre el escenario de la última década (salvo uno, grabado a principios de los 90). Con motivo de esta publicación, en la que se incluye una nana con sus tres hijos (Estrella, Soleá y Enrique hijo), su mujer, Aurora Carbonell, sus nietos Estrella y Curro y un coro de niños, EL PAÍS SEMANAL publica hoy una entrevista en la que el cantaor muestra cómo es su casa además de otras historias del llamado Ronco del Albaicín.

Tangos, soleares, malagueñas, tientos, serranas, granaínas, fandangos naturales y alegrías. Un disco con un repertorio clásico; clásicamente morentiano, con perdón por la pedantería, en el que se hace acompañar las guitarras de Juan y Pepe Habichuela, Rafael Riqueni, David Cerraduela, Juan José Suárez Paquete y ningún adorno más. Flamenco en directo tiene la impronta del momento, el sabor de un recital en una noche fresca de verano al aire libre o el ambiente cerrado de la taberna y la fiesta.

Con un solo tema creado para la ocasión, una nana dedicada a las madres. Preludio a la nana que aparece en este disco parece ahora el más reciente trabajo de Vicente Amigo, quien contó con los tres hijos y el padre, acompañados por Alejandro Sanz, en la rumba Y será verdad.

Libre, creador y aficionado

“El cantaor que desde el rigor más exigente y la libertad más radical ha llevado el flamenco por caminos prohibidos”, dice de él Miguel Mora en La voz de los flamencos, libro en el que el periodista construye un diccionario flamenco en la voz del granaíno. Enrique Morente ha hecho de todo en el flamenco. Llegó a Madrid con 15 años para empaparse de los cantaores que mandaban en el momento: Pepe de la Matrona, Antonio Chacón, Bernardo el de los Lobitos… Trabajó en tablaos de la capital como Café de Chinitas o Zambra y en 1967 grabó su primer disco, Cante flamenco, acompañado por Félix de Utrera a la guitarra.

Siempre renovador, para evitar las críticas de los más puristas atribuía sus propias variaciones a cantaores viejos que había escuchado en el camino. Siempre agradecido a los maestros anteriores, los homenajeó en trabajos como Homenaje a Antonio Chacón (1978) o en Morente – Sabicas, un disco que grabó junto al guitarrista cuando éste vivía sus últimos momentos (se publicó después de su muerte).

Fue el primer cantaor en recibir el Premio Nacional de Música, en 1994. Hizo una misa flamenca, con textos de San Juan de la Cruz, Fray Luis de León y Lope de Vega y se acercó a la música clásica dos veces: con la Fantasía del cante jondo para voz flamenca y orquesta, estrenada en el Teatro Real de Madrid en 1986 y el Allegro soleá y fantasía del cante jondo (reeditada recientemente en la discográfica fundada por Morente, Discos Probeticos).

Pero Morente fue descubierto por el gran público gracias a una colaboración en el rock con su disco Omega, grabado en 1996 junto a la banda granadina Lagartija Nick y reeditado el año pasado. El disco, realizado a partir de Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, supone también un homenaje a Leonard Cohen, primero en poner música a dichos poemas y del que tomó algunas melodías para este trabajo.

Su último trabajo publicado, Pablo de Málaga, supuso otra vuelta de tuerca para el granadino: hizo flamencos los escritos de Picasso, volviendo a demostrar su capacidad para innovar y reinventarse.

Y si todavía queda alguien que se pregunte por qué Morente tiene un lugar en la historia del cante del siglo XX, se pueden argumentar más razones: Porque es uno de los cantaores más versátiles. Porque ha logrado mantener una carrera cimentada en la tradición pero innovadora, en la que ha dejado más que un sello propio. Por ser uno de los primeros en introducir la poesía culta española en la métrica del flamenco y dejar testimonio en discos y espectáculos. Porque es sensible e inteligente, al flamenco y a otras artes, y su voz, sin ser un cantaor especialmente dotado, se mueve con soltura y transmite sentimiento sin buscar el olé gratuito.

Morente el patriarca

Enrique Morente es referencia para los jóvenes, que le citan como maestro y adoptan algunas de sus innovaciones en los cantes para hacerlas suyas. Pero entre sus herederos también los hay que llevan su mismo apellido: sus hijos Estrella, Soleá y Enrique.

Estrella (29 años) y Soleá (24 años) debutaron en el cante con cuatro años en una grabación de su padre, en una iniciativa similar a la que ahora ha tenido con sus nietos. Estrella, la mayor, la única de los tres con una carrera consolidada en el flamenco, grabó además a los siete años acompañada por Sabicas. Siendo adolescente, formó parte del equipo de la grabación del Omega, poniendo el contrapunto femenino a la voz desgarrada de su padre. Después de editar cuatro discos, tiene un hueco propio en el flamenco, producida y acompañada siempre por su padre.

También Enrique hijo (19 años) parece querer hacer una carrera en el flamenco. Desde hace unos años acompaña a su padre y a su hermana en los recitales para hacer palmas y coros y recientemente ha debutado como cantaor junto a Juan Habichuela nieto.

FOTO: JAVIER SALAS (EL PAÍS SEMANAL)

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