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Las Migas: cadencia y elegancia

Lanzamiento de un disco. En la portada, cuatro chicas llevan maletas en una fotografía. Se llaman Las Migas y su trabajo, Las reinas del matute, publicado en Nuevos Medios. En principio, un disco más. Nada que ver. No es un grupo nuevo, aunque sea un disco de debut. Comienzan a sonar las primeras notas y el disco sorprende. Sorprende por su precisa factura musical, por una producción cuidada y compleja que suena a sencilla. Sorprende porque es flamenco sin serlo, porque es dulce y energético. Un disco con sabor mediterráneo, bien hecho, que más gusta cuanto más se escucha.

Una voz, la de Silvia Pérez (Palafrugell, 1983), que comienza a entonar Los cuatro muleros y se presenta como un tono cálido, metal de terciopelo y dulces melismas que, sin embargo, más pronto que tarde se revela como desgarrado y capaz de emocionar latigueando sin necesidad de gritar. Una voz que demuestra dominar los colores y formas del flamenco, el más lírico, pero también de otras músicas. La muestra, una versión de María la Portuguesa, la copla de Carlos Cano, que se mueve entre el tango argentino y los cantes de ida y vuelta y en la que la cantante/cantaora se entrega al desgarro y la desazón.

A la voz de Silvia Pérez se unen tres instrumentistas de las más diversas procedencias: Isabelle Laudenbach (París, 1979) y Marta Robles (Sevilla, 1974), guitarras, y la violinista y acordeonista Lisa Bause (Berlín, 1980). El grupo se formó en 2004, y antes de entrar en el estudio han pulido su sonido en los escenarios. Ahora, en su primer trabajo de estudio, cuentan, entre otros, con el tres cubano del músico Raúl Rodríguez, miembro de Son de la Frontera y el contrabajo de Javier Colina.

He mencionado dos versiones en este álbum, pero aparecen dos más: Los tangos de la Repompa y La Tarara. Todas las hemos escuchado hasta la saciedad, parece difícil que una nueva versión pueda aportar algo nuevo. No sé si en este caso aportan, pero desde luego suenan con suficiente entidad como para adivinar las intenciones musicales de las cuatro músicos que conforman el grupo y la producción de Raül Fernández (Refree) (que además firma al alimón uno de los cortes del disco, Caricias de sal, el más alejado del flamenco y más cercano al pop más convencional). Fernández procede de un mundo musical total y absolutamente ajeno al flamenco pero entiende el alma de este grupo, anclado en raíces locales, y deja su toque personal en los arreglos de cuerda.

El disco tiene una sonoridad envolvente, compleja pero siempre al servicio de la voz. Entre las canciones propias hay letras de Federico García Lorca (El camino de los poetas, Fuera de la mar) y Rafael Alberti (Canto y río) y otras compuestas íntegramente por Las Migas. Suenan tangos (Perdóname luna, A la luz de la vela), unos fandangos de Huelva (Fandangos de Isabelle, y alegrías (Las reinas del matute), amén de otras músicas.

Es un disco fresco, sin alejarse de la tradición, flamenco salpicado de otras músicas, trabajado sin sonar complejo.

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