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No solo flamenco en La Unión

Estos días tiene lugar en La Unión su Festival Internacional de Cante. En esta edición, como contamos en el anterior post, cumple 50 años. La Unión es un pueblo pequeño, vinculado históricamente a la minería, que vive, en estos días, uno de los momentos del año más importantes. El festival, todos coinciden, tiene un público local muy entendido que acude a las galas (primera parte del evento, la segunda y más importante es el concurso de cante), y por lo que tengo visto en las galas que van trascurriendo (de momento van dos: Ballet Nacional y Enrique Morente), son respetuosos, escuchan en silencio, dan espacio al artista, y luego lo premian según consideran.

Pero además, viene mucha gente de la zona. Gente que está de vacaciones en las playas cercanas, o incluso población de otras localidades, como Cartagena o la capital. Y por último, estamos los foráneos. Que también somos muchos. La Unión nada más tiene un hotel, el Sierra Mar y, ni que decir tiene, es el primero que se llena. La opción más cercana es Cartagena. Y por carretera, desde Cartagena, lo primero que sorprende al visitante es un letrero que reza: Bienvenido a La Unión, pueblo minero y flamenco. No, no es cierto, debo corregir esto. No es lo primero que sorprende al viajero, es lo segundo. Porque lo primero es el imponente paisaje de los alrededores de La Unión, cerros cortados por la minería, montaña marrón, naturaleza singular.

Las galas son a las once de la noche, lo que deja mucho tiempo libre durante el día. Por la mañana no se mueve nada, el festival parece no existir. Pero por la tarde hay varias opciones. Una de ellas es el recién estrenado Museo de Cante de Las Minas, situado en el edificio del Ayuntamiento (Casa Piñón). Es un centro sensorial, planteado para explicar al visitante, a través de carteles e imágenes, la historia de La Unión, de los cantes mineros y del festival. Se reseñan las historias de los artistas locales y se invita, a través de audiovisuales, a disfrutar de unas pinceladas de estos cantes relacionados con la minería.

Sin salir del edificio, se puede visitar también una exposición con los 50 carteles que han servido para anunciar el festival a lo largo de su historia. Los primeros, diseñados por artistas locales, los últimos por artistas de gran prestigio nacional.

Si apetece dar un paseo, es posible hacerlo por la calle Mayor o la Avenida del Flamenco, que cambia su nombre con ocasión del festival. Otra opción es tomar algo. Este año, por primera vez, se han organizado unas jornadas gastronómicas flamencas. Los restaurantes y bodegas de la localidad han preparado menús de degustación de precio cerrado para los que quieran deleitarse, antes de acudir a la catedral del cante, con las delicias gastronómicas de la zona.

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