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Paco de Lucía vuelve al Teatro Real

Después de 34 años, Francisco Sánchez Gomes, más conocido como Paco de Lucía (Algeciras, 1947) volvió a poner en pie al público del Teatro Real de Madrid. Si bien en 1975 aquel concierto dio lugar a un disco (En vivo desde el Teatro Real), esta vez lo hizo como parte de una campaña institucional, la que lleva a cabo la Junta de Andalucía para lograr que la UNESCO declare el flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Llenó el teatro, y parte de ese público eran precisamente personalidades involucradas en dicha campaña o que querían, con su presencia, apoyarla. Políticos como el presidente de la Junta, Jose Antonio Griñán, su antecesor en el cargo y actual vicepresidente tercero, Manuel Chaves, las ministras de Sanidad (Trinidad Jiménez) y de Cultura, Ángeles González Sinde, la ex ministra del mismo ramo Carmen Calvo, y artistas como Sara Baras, Diego el Cigala o Carmen Linares se sentaron entre el respetable.

Como acto social, el concierto probablemente logró sus expectativas. Como recital, Paco de Lucía estuvo correcto, contó desde luego con el favor del público, pero en la ejecución no tuvo su mejor noche. Cierto es que el sonido no acompañó, la guitarra sonó ahogada en algunos momentos anoche. Y está claro que una noche correcta y no brillante de un genio como él dejaría en paños menores a cualquier otro guitarrista actual. El algecireño es un virtuoso, siempre brilla en la ejecución, y eso volvió a quedar claro anoche, interpretando un repertorio, el suyo, fundamentado en los palos más festeros, salvo una soleá que bailó Antonio Fernández Montoya, Farruco (Sevilla, 1988): bulerías, soleá por bulerías, alegrías, tangos, rumba, y cómo no, su archiconocida Entre dos aguas, con la que Paco de Lucía cerró la noche.

El guitarrista no abrió la boca en todo el concierto; se dedicó, durante dos horas largas, a hacer lo que mejor se le da, que es tocar la guitarra. Ni siquiera para presentar a sus músicos: esta labor la dejó al cantaor David de la Jacoba. La primera parte del recital la guitarra de Paco tuvo el protagonismo más absoluto. Arrancó solo, y apenas contó con el acompañamiento de su percusionista, Israel Suárez Escobar, Piraña y algunas voces de dos cantaores gitanos, de voces agudas, muy del gusto del guitarrista: Juan Rafael Cortés Santiago, Duquende y David de la Jacoba. De palmeros de lujo actuaron este cantaor y Farruco.

El bailaor tuvo un mayor protagonismo en la segunda parte del recital , en el que el protagonismo de la guitarra cedió algo de espacio al lucimiento del grupo, al que se unió el bajista Alain Pérez, habitual de los recitales de Paco. Es una pena que los elementos no acompañasen, ya que Farruco tuvo que bailar sobre una tarima pequeña y mal sonorizada, que casi no le permitía moverse y por tanto lucirse con su baile rápido y energético y que daba un protagonismo excesivo al sonido de sus pies, que tapaba en ocasiones a la guitarra que le marcaba el camino.

Tuvo una especial presencia la armónica de Antonio Serrano, que llevó la melodía en varias de las piezas que interpretó el grupo, tanto del último trabajo de Paco de Lucía, Cositas Buenas, como de discos anteriores. Antonio Sánchez, sobrino del protagonista del recital, tuvo también su momento de lucimiento en un diálogo con Paco de Lucía casi al final del recital, en el que demostró que ha heredado la habilidad y la afición familiar. Su toque fue limpio, sonoro y concentrado en la respuesta a la guitarra protagonista.

(FOTOS: EFE)

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