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El flamenco según Saura, versión 2010

Se acerca el estreno de Flamenco, Flamenco , la nueva película de Carlos Saura. Se rodó el año pasado en Sevilla y entonces se habló tanto de la película que parece que se hubiera estrenado ya. Pero no, será el 19 de noviembre, en el Festival de cine europeo de Sevilla. Ayer tuve la oportunidad de asistir a un pase de la película previo a su estreno. Y estas son mis impresiones.

Es un falso documental, además de un musical, en la línea de todos los trabajos anteriores de Saura en los que ha querido acercarse a las músicas de raíz. Tiene la misma estética, la estructura y la intención de películas como Flamenco, de 1994, Sevillanas, de 1992, o Iberia, de 2005. Sobre esto queda poco que añadir: la fotografía de Vittorio Storaro, su particular visión de la luz y la sombra, ha sido ampliamente comentada con anterioridad.

Saura recupera para esta película la idea de los lienzos, que sirven tanto para reforzar luces y sombras como para separar espacios, pero esta vez, en lugar de telas luminosas de un solo color, utiliza cuadros costumbristas de siglos pasados, todos centrados en temáticas andaluzas, la fiesta, el cante y el baile, entre los que está, como no podía ser de otra manera, Julio Romero de Torres. En todos los momentos musicales tienen presencia, pero en uno de ellos se tornan co protagonistas: Israel Galván hace un baile, en silencio, que juega con los lienzos hasta parecer, su coreografía, una de sombras chinescas por detrás de los cuadros.

Como ya explicó el director cuando abordó el proyecto, la idea era ofrecer una idea actualizada del flamenco; esto es, el flamenco de hoy. Y eso es lo que ofrece esta nueva cinta: una fotografía del flamenco de 2008 – 2009. La mayoría de los números que se presentan pertenecen a coreografías, en el caso de los bailaores, o en el caso de los cantaores y guitarristas canciones, temas o palos, del repertorio de dicho momento. Así, la soléa que baila Eva Yerbabuena forma parte de Lluvia, estrenada en 2009, la copla que canta Miguel Poveda por bulerías, Esos cuatro capotes, forma parte de su disco Cante i orquestra, y lo mismo ocurre con el zapataeo de Farruquito (de Puro, estrenado en la Bienal de Flamenco de Sevilla de 1008) y la guajira de Rocío Molina (de Cuando las piedras vuelen, 2009).

Es una buena manera, esta, de capturar un momento, el trabajo del momento de unos artistas en constante desarrollo. El amplio elenco que aparece durante la hora y media de metraje ha sido seleccionado por Saura junto a Isidro Muñoz, productor y compositor (y hermano de Manolo Sanlúcar): Sara Baras, Farruquito, Miguel Poveda, Montse Cortés con Diego del Morao, Dorantes con Diego Amador, Niña Pastori con Tomatito, Manolo Sanlúcar, Paco de Lucía, Nani Paños y Rafael Estévez con Arcángel, El Carpeta, Rocío Molina con Rosario la Tremendita, Israel Galván, Eva Yerbabuena, José Mercé, María Bala, Estrella Morente… Son el presente del flamenco, algunos además con un lugar ya en la historia, como el caso de Paco de Lucía, y un solo ejemplo de lo que puede llegar a ser el futuro: si en Flamenco bailaba un Farruquito niño, aquí lo hace su hermano pequeño, Manuel Fernández Montoya El Carpeta, que tiene 12 años.

La película sirve también para inmortalizar algunos momentos únicos, que no forman parte de ningún espectáculo previo, como la nana que la Yerbabuena baila bajo la lluvia mientras le canta Poveda, el baile a tres de Rafael Estévez, Nani Paños y Patricia Guerrero al cante de Arcángel, o el mano a mano pianístico entre Dorantes y Diego Amador, incluso los tangos en los que Estrella Morente, mientras canta y baila, es arropada por las palmas de sus hermanos, Soleá y Enrique Morente, y su madre, Aurora Carbonell. Y por supuesto el cierre por bulerías jerezano con dos grandes cantaores de la tierra: Jesús Méndez y Luis el Zambo.

Hay, sin embargo, tres elementos que no me terminaron de convencer: la apertura, una versión del Verde que te quiero verde de Manzanita; la inclusión de una coreografía de Javier Latorre sobre una marcha procesional, que no tiene mucho que ver con el flamenco; o la versión de La leyenda del tiempo por Niña Pastori, un tema tremendamente difícil de interpretar, tanto por el compás como por el alarde de voz que Camarón hacía en él.

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