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La vuelta de un maestro de la guitarra

Juan Carlos Romero (Huelva, 1964) es un guitarrista imprescindible de este tiempo. No sólo como intérprete, también como compositor. Ha dedicado su carrera, en su mayor parte, a elaborar, nota a nota, grandes obras para otros artistas. Antes que demostrar al mundo sus dotes como guitarrista, el músico ha dejado claro, con su talento y con su obra, que lo que le importa es enriquecer y engrandecer el flamenco. Y así, poco a poco, sin mucho ruido ni grandes alharacas ha llegado a ser un artista imprescindible. Ahora presenta su tercer trabajo discográfico propio, Agua encendida, publicado por Karonte. Es un disco cuidado y emotivo que va directo al grano, como son siempre las composiciones de Romero.

Su toque limpio, preciso, respetuoso del compás y del silencio vuelve en un trabajo que apuntala un estilo ya definido, una manera de decir el flamenco que busca la melodía limpia que no se repite, que transita por su guitarra de tal manera que cada nota es imprescindible. En esta ocasión se hace acompañar por las voces de José Valencia, José Mercé, la Susi y Mamá Carmen para acometer un repertorio muy completo con dos bulerías, una canción a ritmo de soleá (que interpreta Mercé), una seguiriya, una deliciosa y delicada nana y una rondeña.

Quiero destacar un tema que es una auténtica delicia para los sentidos, Portalillo del zapateado, una canción que suena a viejo, a popular, a folklore y en la que se hace acompañar, completando el sonido sin estorbar la melodía, por el bajo de Manolo Nieto, el violín de Alexis Lefevre y la percusión de Tino di Geraldo.

Si nos fijamos estrictamente en la discografía propia, Juan Carlos Romero no publicaba disco desde 2005, cuando hizo Romero. Y antes de eso, Azulejo, su primer trabajo discográfico, que vio la luz en 1997. ¿Por qué tanto tiempo? En 2008, entrevistado con motivo de la publicación de Raíces y alas, el disco que compuso junto a Carmen Linares con poemas de Juan Ramón Jiménez, contestaba esto: “Componer para guitarra es muy complicado, muy laborioso y los propios cantaores me distraen de mis labores de composición para guitarra”.

Los cantaores a los que se refiere el guitarrista son, además de Carmen Linares, recién mencionada, Miguel Poveda, para quien compuso y produjo Tierra de calma (2007), Arcángel (con quien trabajó en sus dos primeros trabajos, Arcángel (2001) y La calle perdía (2004)), y muchos otros, como Enrique Morente, Chano Lobato, José Mercé, Esperanza Fernández… Muchos otros que, retrocediendo en el tiempo, coloca el inicio con su propio padre, aficionado a la guitarra como maestro, y Miguel el Tomate, guitarrista almeriense (padre de Niño Miguel y abuelo de Tomatito), y de ahí al trabajo con Matilde Coral y Manolo Sanlúcar, con quien recorrió los escenarios del mundo y participó en los trabajos discográficos Soleá y Medea.

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