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Diego del Morao se estrena de la mano del Cigala

Orate: (coloq.) Persona de poco juicio, moderación y prudencia. Así lo define el diccionario de la Real Academia de la Lengua. Pero Orate es también una bulería rápida, en la que suena una guitarra rítmica y limpia, dentro de los cánones de lo que uno espera escuchar cuando está en Jerez. La interpreta Diego del Morao (Diego Moreno Jiménez, Jerez, 1979), y abre el disco del mismo nombre, el primer trabajo discográfico del hijo de Moraíto, confirmado desde hace algunos años como continuador de la saga de toque jerezano. En esta primera bulería le acompaña la voz gitana del cantaor Diego el Cigala, padrino artístico en esta experiencia a través del sello Cigala Music (y auspiciado por Warner). El disco fue presentado a finales de 2010.

En este trabajo tan personal pero a la vez tan cercano a la fuente, domina el compás en el toque, como buen jerezano, y se muestra la escuela a la que pertenece este guitarrista, la de la técnica al servicio del arte y del cante. Lo demuestra en este disco, que ha hecho como él ha querido, con la libertad que da trabajar en el sello de otro músico. Como reseña Manolo Sanlúcar en el libreto que acompaña el CD, “Diego suena espontáneo, no hay afectación ni presunciones”. Su sonido es directo, auténtico.

El palo jerezano por excelencia, la bulería, tiene mucha presencia en este trabajo. Hay cuatro versiones diferentes por este palo (Orate, ¿Y ahora qué?, El regalo y Juan & Co.). Y en cada una de ellas, un muestrario de todo lo que puede ofrecer este palo, elige un compañero diferente, que le aporta una personalidad distinta: Diego el Cigala en la primera, otro Diego, Carrasco, en la segunda, Paco de Lucía, en la tercera y su padre, Moraíto, en la que cierra el disco al más puro estilo de la fiesta de Jerez. La presencia de la bulería es una suerte de reivindicación de una tierra y de una manera de entender el flamenco de la que Diego del Morao es heredero y continuador.

No sólo en las bulerías, sino en todo el disco, la presencia de músicos invitados es una suerte de hilado que conecta a Diego con su carrera: con todos ellos ha trabajado anteriormente. Y como no podía ser de otra manera, su aportación es fundamental para vestir una obra muy personal. Además de los compañeros de las bulerías, también incluye Diego unos tangos en los que aparecen la voz de la Niña Pastori y la percusión de su marido, Chaboli, que también toca por bulerías (en El regalo) y por rondeña (La mahora), que es, por otro lado, el único palo de estilo libre que Diego del Morao ha querido incluir en el disco. En la rumba (Drunjí), la única concesión al flamenco menos sujeto a la tradición del disco, suena el piano de Jumitus, la mandela de Paquete, la percusión de Piraña (que repite en el siguiente corte) y el contrabajo de Yelsi Heredia.

Es por tanto este disco, a la vez, una carta de presentación y un reflejo de su joven, pero sólida, carrera como guitarrista. Una demostración de que ser tradicional no quiere decir repetirse y que desde esa misma tradición se pueden incorporar propuestas heterodoxas sin dejar el camino trazado.

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