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Flamenco deformado

Es lo que ella explicaba en una entrevista antes del espectáculo: en Vinática pretende deformar la técnica. Anoche presentó la bailaora Rocío Molina (Málaga, 1984), Premio Nacional de Danza 2010, en los Teatros del Canal de Madrid, dentro del festival Suma Flamenca con gran éxito de público, que no sólo llenó el teatro sino que además ovacionó a la bailaora tras hora y media de tensión y pasión a partes iguales.

En un escenario desnudo (literalmente) la bailaora arranca -sobre un vals de Chopin que también cierra la obra- antes de que el público termine de acomodarse ataviada con una larga cola que sobresale del escenario queriendo significar ese poso que son los orígenes de los que ella parte para crear algo inédito. Una cola que, como conclusión del montaje, se convierte precisamente en lo contrario: unos orígenes que aprisionan, limitan e impiden avanzar hacia otros lugares.

Tarda un tiempo en entrar en acción Molina, tiempo que permite al espectador diseccionar la desnudez de un escenario preparado por Roberto Frattini. Mueve su brazo como si fuera la cola de un perro, ese perro que espera, tranquilo, paciente, a que las cosas se desencadenen. Y esos hechos son su propio recorrido artístico, la niña que fue sobre la que otras personas hablan mientras ella aprende su baile y lucha contra la naturaleza para controlar el cuerpo y convertirse en bailaora.

El guitarrista Eduardo Trassierra, el cantaor José Ángel Carmona (que también toca la mandolina) y José Manuel Ramos El Oruco, a las palmas y el compás actúan no sólo como músicos con gran acierto de ejecución y sentimiento, sino como personajes que interactúan y acompañan a la bailaora. Se sirven del vino, elemento que recorre toda la obra, ese vino que a veces provoca nostalgia y otras se usa para olvidar las experiencias pasadas.

Molina ha querido descomponer aquí los bailes, diseccionarlos, en esa reflexión que quiere plantear sobre quién es, quién fue y quién quiere llegar a ser. En ocasiones entra a bailar en el silencio, antes de que arranque la guitarra o el cantaor ponga voz a sus inquietudes. Por seguiriyas, la copla de Pepe Pinto Rosa Linares, alegrías o bulerías, la bailaora va mostrando la significación que el baile tiene, un baile de fuerza, de técnica depurada, tan consciente de esa técnica que en otros momentos la doblega y la destroza, se rebela contra ella. Mantiene una tensión que se antoja excesiva en algunos momentos, que contrasta con esa pasión que le pone a su baile, expresivo y entregado al extremo.

(Foto: Cristóbal Manuel)

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