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Pulcritud y diversidad para el nuevo Ballet Flamenco de Andalucía

Anoche fue noche de estreno. El del bailarín Rubén Olmo (Sevilla, 1980) al frente del Ballet Flamenco de Andalucía y el de la nueva edición del Festival de Jerez (y van ya 16). Metáfora es la propuesta del que fuera primer bailarín del Ballet Nacional, un montaje en el que, quién sabe si para apuntalar la novedad sobre seguro, el sevillano ha querido acompañarse de valores seguros: las bailaoras Rocío Molina y Pastora Galván, la Orquesta de Córdoba y Juan Ruesga en la escenografía.

La sombra de Cristina Hoyos, directora del Ballet durante los últimos siete años, quizás revoloteaba sobre la cabeza de Olmos mientras preparaba Metáfora. Y quién sabe si para dejar clara la ruptura y marcar una nueva etapa, o para reclamar un estilo y espacio propio en la danza, Olmo ha querido reflejar en este primer montaje todas las disciplinas que domina, como coreógrafo y bailarín: todas las que forman parte de la denominada danza española. Así, en una serie de postales, números sin relación entre sí más que la escenografía y la música, el Ballet pasa en Metáfora del flamenco a la danza estilizada, la escuela bolera, y el folclor.

El resultado es correcto, impecable, pulcro. Las escenas están compuestas con nervio, las coreografías son elegantes, combinando con acierto la originalidad y el peso de la tradición, hay buena interpretación del cuerpo de baile y los solistas, la escenografía e iluminación son minimalistas pero apuntalan la obra y la música es interpretada a la perfección tanto en su vertiente flamenca como en la clásica. Pero uno sale del teatro preguntándose por qué. Cuál es la necesidad y el sentido de mostrarlo todo en un primer montaje. ¿El deseo de marcar la ruptura? ¿Es esto una carta de presentación, un aviso de lo que vendrá después?

No es un espectáculo personal. Rubén Olmo cede el protagonismo (como bailarín, porque su mano como director es correctamente mostrada) de manera casi absoluta. Sólo aparece al principio de la segunda parte, y no solicita un lugar privilegiado, el montaje no gira en torno a esta aparición.

Sí hay un protagonista claro en la primera parte (titulada Suite Flamenca): precisamente el flamenco, y el homenaje a los clásicos. A la escuela sevillana y Matilde Coral primero, con un montaje de Rocío Coral (hija de la gran bailaora) por alegrías a la escuela sevillana, con las bailaoras ataviadas de bata de cola y mantón que responden por alegrías a una Pastora Galván (Sevilla, 1980) que no domina el palo y a la que sentimos que le cuesta entrar en calor. Da igual. Verle bailar después por bulerías (en un homenaje a su familia materna), jaleos y tangos es una delicia. Cinco minutos de golpe de cadera de la sevillana merecen por cien haber pagado la entrada. La Galván es la fuerza, la raza y el arte flamenco en estado puro, pero también maneja bien el gesto, los perfiles y el braceo en la manera en que trabaja su hermano Israel. Su baile es una explosión para los sentidos, que da sentido, color y calor al espectáculo.

Intercalada con Pastora presentan los solistas del Ballet una taranta con un montaje interesante: la música no está para el baile (lo habitual en el flamenco), ni el baile para la música: música y baile forman parte del todo en escena, guitarra y cante coreografiados al milímetro con una interpretación pulcra y llena de sentimiento y color por parte de Patricia Guerrero y Eduardo Leal.

Las preguntas sobre el sentido de la coreografía llegan en la segunda parte. El flamenco desaparece por completo para dar paso a la danza estilizada de Rubén Olmo (en una pieza titulada La danza como metáfora del pensamiento), el baile personal, único e intransferible de Rocío Molina (que se coreografía a sí misma en Caminante) y el cuerpo de baile interpretando verdiales y escuela bolera. No se puede decir mucho más de Rocío Molina (Málaga, 1984) que no se haya dicho ya. Su baile es cada día más difícil de definir, por ser cada día más personal, también cada día más logrado y siempre sin perder la pasión, que es lo que mueve a la danza.

No se le puede reprochar a Rubén Olmo, como director y cabeza pensante de Metáfora, absolutamente nada. El montaje tiene ritmo, está trabajado y bien resuelto: desde la escenografía a las interpretaciones pasando por los músicos (flamencos y clásicos) y el vestuario. Pero quizás hay un apunte necesario que rescatar como última reflexión: el nombre de la compañía. No es el Ballet de Andalucía, sino el Ballet Flamenco de Andalucía. Ni la danza estilizada ni la escuela bolera, por más relacionadas que estén en el origen o evolución, forman parte del flamenco. Por si a alguien se le olvida.

FICHA ARTÍSTICA
Metáfora, por el Ballet Flamenco de Andalucía
Teatro Villamarta, Jerez de la Frontera
Director artístico y coreógrafo: Rubén Olmo
Solistas: Patricia Guerrero, Eduardo Leal
Cuerpo de Baile: Sara Vázquez, Ana Adraz, Marta Arias, Mónica Iglesias, Maise Márquez, Juan Carlos Cardoso, Ángel Fariña, Fernando Jiménez, Álvaro Paños.
Artistas invitados: Pastora Galván, Rocío Molina.
Cante: Manuel el Zambullo, Fabiola
Guitarras: David Carmona, Manuel de la Luz
Percusiones: David, el Chupete.
Música: David Carmona, Agustín Diassera, Jesús Cayuela.
Escenografía: Juan Ruesga.
Iluminación: Juan Gómez Cornejo.

FICHA TÉCNICA:
Ayudante de Dirección: Rocío Coral
Maestra Repetidora: Sara Vázquez
Diseño Vestuario: Eduardo Leal Ruiz
Diseño Escenografía: Juan Ruesga
Asistente Escenografía: Margarita Ruesga
Diseño Iluminación: Juan Gómez Cornejo
Ayudante Iluminación: Paloma Contreras
Supervisión Vocal: Julia Oliva
Composición Musical Suite Flamenca: David Carmona
Composición Musical para Orquesta Danza como metáfora del pensamiento: Agustín Diassera – Jesús Cayuela
Composición Musical para Orquesta Metáfora: Jesús Cayuela
Orquestación: Agustín Diassera
Producción Fonográfica Grabación Danza como metáfora del pensamiento y Metáfora: Orquesta de Córdoba
Dirección Musical: Juan Luis Pérez
Diseño gráfico: Jacinto Gutiérrez LaDuna Estudio
Realización Vestuario Mujeres: Justo Robles “Salao”
Mantones de Manila: Mantones Catiliana
Realización Vestuario Hombres: Carmen de Giles
Realización Vestuario: Rubén Olmo González
Peluquería y Maquillaje: Manuel Cortés
Zapatería: Gallardo
Realización Escenografía: Dunas Decoración, Trillo Comunicación Visual
Antonio Díaz / Jesús García / José A. Jiménez

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Un comentario el “Pulcritud y diversidad para el nuevo Ballet Flamenco de Andalucía

  1. Mi impresión al salir del teatro fue parecida a la tuya. La primera parte me gustó, aunque con matices. Soy un poco más crítico con los bailarines del Ballet que tú. No me terminaron de convencer. Salvo Patricia Guerrero, que me encantó.

    Pero la segunda parte, la verdad, me aburrió. Y eso que me pareció impresionantye cómo bailó Rocío Molina. Lo único que no me gustaba lo que bailaba. Es un gusto personal, claro. Pero es que yo iba al festival de flamenco, y era lo que quería ver.

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