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La sensibilidad de Mayte Martín recala en Sevilla

Saber que vas a ver cantar a Mayte Martín (Barcelona, 1965) te predispone. Te predispone el estado de ánimo, te predispone la sensibilidad. Sus recitales son siempre crudos, esenciales, de flamenco directo, el que no grita, el que estremece, el que no abruma con acompañamientos futiles y se adorna solo en una guitarra y una voz poderosa en sensibilidad. Es una presentación arriesgada la que hace la cantaora catalana: su honestidad y compromiso la ponen en primera línea de fuego: esto es lo que hay, si lo hago bien, bien, si algo falla, se va a notar.

Por eso es una de las mejores de su generación, talento aparte (que, como el valor en el ejército, al cantaor se le presupone). Por eso siempre es emocionante verle cantar. Anoche lo hizo en el Teatro Central de Sevilla, abriendo el ciclo Flamenco viene del sur en la capital andaluza. Arrancó por granaínas y malagueñas rematadas con abandolaos, acompañada por Juan Ramón Caro, que después de tantos años tocándole conoce a la perfección los modos de la cantaora (y quien, por cierto, repetirá en solitario en este mismo ciclo el próximo 10 de abril).

Martín hizo, en estos dos primeros palos, un cante reposado, de tercios largos, suspendido en el tiempo. Rompió con las seguiriyas, que hizo descarnadas e intensas, especialmente dolientes. Fue uno de los momentos de mayor emoción del recital, que por lo demás y salvo el bis sevillano que regaló al auditorio (que llenó la grada), fue un recital más. No lo digo con desprecio, ojo: Martín es una gran cantaora, un recital cualquiera suyo es mucho más que la mejor noche de muchos otros cantaores. Estuvo sensible, con ganas y dedicación, pero hay noches en las que el duende, las musas, sólo aparecen en instantes fugaces.

Después de las seguiriyas Martín cantó por fandangos, soleares (que ella dijo que llevaba mucho tiempo sin cantar) y guajiras, su eterno homenaje a Juanito Valderrama: “gracias a él abrí los oídos al flamenco”, explicó. “Precisamente, la última vez que vine a cantar al Teatro Central estaba sentado ahí”. Cerró con unas bulerías en las que incluyó las letras de la copla María de las Mercedes (quién sabe si buscando el favor del público sevillano) y la canción de Antonio Machín Un compromiso.

Pero tras la ovación del público, Mayte Martín regresó al escenario, esta vez sola, guitarra en mano, para dedicar su bis a dos artistas sevillanos de los que se confesó rendida admiradora. “Pasarán cincuenta años y aquel primer disco seguirá sonando moderno”, comentó. Se trata de Lole y Manuel, y la canción, por bulerías, otro de los momentos de sensibilidad extrema del recital: Un cuento para mi niño.

((Foto: www.maytemartin.com))

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