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Mujeres creadoras en el cante

Aunque es un libro publicado hace un par de años, recientemente ha caído en mis manos. Se llama La mujer en el cante flamenco, escrito por Carmen García-Matos y publicado por Almuzara, y se dedica a glosar la historia del flamenco y la participación de la mujer en dicha historia. Es un libro interesante por cuanto documenta la historia del arte jondo, pero de la parte referida a su título, esto es, al papel de la mujer en el cante, lo que me parece más interesante son los capítulos dedicados a la creación: las mujeres que fijaron estilos, palos, conservados hasta hoy. Quizás si hubiese dedicado más espacio para narrar las vidas y creaciones de estas mujeres el libro resultaría más interesante, dado que historias del flamenco se han escrito muchas, pero historias de las mujeres del flamenco, no tantas.

Han sido muchas las mujeres que han contribuido en la creación en el cante flamenco. Quizás la más referida en la actualidad es la Niña de los Peines, Pastora Pavón, que fue una artista única en su tiempo y además era mujer, pero ella no fue la única. Hoy no se hacen distinciones entre el cante de hombre o de mujer, ni se sorprende nadie porque las mujeres se dediquen al cante. Pero hasta muy recientemente el flamenco no era diferente del resto de artes o de facetas de la vida, y a las mujeres el lugar que correspondía era un lugar considerado secundario (nunca me atrevería a decir que menor, en cualquier caso), el hogar, la intimidad, el lugar privado. Por eso es necesario siempre poner en valor a las que rompieron con esos patrones, probablemente ni siquiera de una manera consciente, y dejaron un legado que es valorado y compartido hoy por hombres y mujeres de la misma manera, porque es historia del flamenco.

Así que me detendré en algunas de ellas, quizás no tan conocidas como La Niña de los Peines, pero de mucha relevancia.

Mercé la Serneta

Mercedes Fernández Vargas (Jerez de la Frontera, 1840 – Utrera, 1912). Cantó en los escenarios como profesional, pero sobre todo era valorada por otros artistas en reuniones privadas. Legó al flamenco su estilo personal de hacer la soleá, pero nunca llegó a grabar, por lo que sus creaciones fueron recogidas por otros cantaores como La Niña de los Peines y su hermano Tomás Pavón, Antonio Chacón o Antonio Mairena, y más recientemente, Carmen Linares, en su Antología de la mujer en el cante (1996). Dice García-Matos en su libro que fueron hasta siete los estilos de soleá que creó La Serneta: dos en la línea de Triana y cinco de Utrera, aunque hay algunos historiadores del flamenco que localizan estas soleares en Jerez, por ser ella jerezana y estar la suya muy cerca de la soleá de Enrique el Mellizo.

María La Mica

Ana María Vargas, natural de Sanlúcar de Barrameda y que vivió durante el siglo XIX, fue una reconocida seguiriyera, pero quizás su legado más importante sea la creación de los caracoles, un tipo de cantiñas que luego popularizó Antonio Chacón. Se cree que la cantiña de Las Mirris, creación de María La Mica, fue el antecedente de los caracoles, aunque el origen de este palo no está claro, ya que hay otros autores que afirman que el creador fue el tío José el Granaíno.

Concha la Cartagenera

Concepción Peñaranda, nacida en Murcia hacia 1850. Fue discípula de Antonio Grau, Rojo el Alpargatero, uno de los cantaores que fijaron los estilos mineros. Dice la leyenda que tras una primera etapa cantaora en su tierra, donde aprendió los cantes del Rojo el Alpargatero, se trasladó a Andalucía por un fracaso amoroso en 1884 y trabajó en Sevilla, Málaga y Almería, pero también en Madrid y en Valencia, donde murió en 1889 en extrañas circunstancias (fue encontrada muerta con un tiro en la cabeza). Fue creadora de una malagueña de línea muy triste y dramática, la malagueña peñaranda. Además, algunos estudiosos como José Blas Vega, atribuye a esta cantaora la fijación de la cartagenera un cante que, según dice este historiador, ya aparece reseñado como tal en 1886.

La Repompa de Málaga

Enriqueta Reyes Porras (Málaga, 1937 – 1959). Fue cantaora profesional en la Costa del Sol, Sevilla, Cataluña y Madrid, donde trabajó en el tablao El Duende, contratada por Pastora Imperio y el Corral de la Morería. Falleció con 21 años, por una peritonitis. El mayor legado de esta cantaora han sido sin duda sus tangos, conocidos como Los tangos de la Repompa, aunque también fue muy reconocida cantando fandangos, soleá, bulerías y tientos.

En 2007 un grupo de aficionados malagueños, Paco Fernández y Paco Roji, prepararon el documental La Repompa 70 sobre la cantaora.

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