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Un paseo por la historia

Una viola da gamba haciendo variaciones en una seguiriya. Una ronda de presentación de músicos que improvisan al compás de una guaracha transformada después en guajira. Una bailaora rompiendo el aire con sus brazos sobre el romance de Las morillas de Jaén. La Bienal de Flamenco hizo anoche, en el Alcázar de Sevilla y con todas las entradas vendidas (y lleno en el patio de butacas), que el siglo XXI, el de la tecnología, las comunicaciones, el del arte sin artistas y el de la música sin músicos (dicen), se diera un paseo por la historia de la música, esa que arranca por ahí del siglo XV, para recrear su belleza y disfrutar de los lugares comunes de la música culta y la de origen popular, esas que dieron lugar, en su evolución, a las músicas maravillosas de las que disfrutamos hoy.

Sobre el escenario, Accademia del Piacere dirigida por Fahmi Alqhai comenzó con unas variaciones sobre La Spagna para dar paso a una toná, que cantó Arcángel desde uno de los balcones del Patio de las Monterías del Alcázar. Y arrancó el diálogo: Las idas y las vueltas. Entre la voz de Arcángel y el de la soprano Mariví Blasco (una pena que la sonorización fuera tan desigual entre las dos voces, siempre dando preponderancia a la voz del cantaor, que no permitió disfrutar mejor el empaste de las dos), entre la viola da gamba punteada y la guitarra flamenca, entre unos músicos, en definitiva, marcados siempre por esa dictadura que es el compás flamenco y los clásicos, siempre pendiente, anoche, de los de la otra orilla.

Quiso Arcángel, además, reivindicar a un maestro, suyo y del flamenco, un maestro convencido y empeñado en el diálogo entre las músicas y la ampliación de las fronteras del arte: Enrique Morente, que estuvo en el corazón del cantaor y en su pecho, en forma de chalequillo pintado con su nombre. También tuvo unas palabras para defender la cultura de los recortes que le asuelan: “Es la cultura la que nos mueve. Tenemos que pedir que sea eterna e intocable“, dijo casi al final del recital, levantando los aplausos del público.

El Romance del rey moro se transformó en una deliciosa malagueña, Las morillas de Jaén se convirtió en unos jaleos extremeños que demostraron lo difícil que es meter en compás a una viola da gamba, unas folías terminaron siendo las sevillanas de García Lorca del XVIII, la vidalita y la seguiriya incorporaron, probablemente por primera vez, a un grupo de música antigua en su ejecución y luego vinieron los canarios, las alegrías y para cerrar, una guaracha que viajó a la guajira y volvió a ser guaracha para cerrar. Un diálogo entre músicos de dos disciplinas que nunca antes se cruzaron, todos de gran destreza técnica, y por encima de eso, que se subieron al escenario a disfrutar con los otros.

Anoche, además, añadieron algo que, después de dos años girando juntos fundamentalmente por Centroeuropa, no habían hecho antes: el baile de Patricia Guerrero, una joven bailaora (solista del Ballet Flamenco de Andalucía que esta noche se presenta, además, en el Teatro de la Maestranza) que demostró que, aunque su carrera debe darle todavía muchos grandes momentos, posee las cualidades para despegar. En los jaleos, vestida de verde, y también en la seguiriya después, de negro, hizo un baile muy limpio, dúctil y plástico, de perfiles cuidados y zapateado preciso y sin embargo, cargado de intención, lanzando destellos de personalidad bailaora y femenina. Quizás le faltó, y se notó más en la guajira que interpretó al final con bata de cola roja y abanico, un punto más de descaro flamenco, de picardía y de actitud, aunque también se echó de menos más espacio para poder desenvolver su baile. Tiempo al tiempo.

(Fotografías: Antonio Acedo / Bienal de Flamenco)

FICHA ARTÍSTICA
Las idas y las vueltas, por Arcángel y Accademia del Piacere
Alcázar. Bienal de Flamenco. Sevilla. Martes 4 de septiembre de 2012

Viola da gamba y dirección: Fahmi Alqhai.

Cante: Arcángel.

Guitarra flamenca: Miguel Ángel Cortés.

Percusión: Agustín Diassera

Baile: Patricia Guerrero.

Accademia del Piacere

Soprano: Mariví Blasco.

Viola da gamba: Rami Alqhai, Johanna Rose.

Guitarra barroca: Miguel Rincón.

Violone: Juan Ramón Lara.

Percusión: Pedro Estevan.

Flauta de pico: Vicente Parrilla

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Un comentario el “Un paseo por la historia

  1. Quizás habría que mencionar, para que el lector también lo sepa, que tanto “la viola de gamba haciendo variaciones por seguiriyas”, como el planteamiento del espectáculo no son nuevos: lo primero ya se hizo en el disco Pentagrama Flamenco(2000), donde Antonio y David Hurtado Torres, tras haber publicado su primer libro, El Arte de la Escritura Musical Flamenca en el cual se escribían en grafía musical los cantes flamencos por vez primera, graban una serie de cantes, ellos al piano y Fahmi Alqhai interpretando las partituras de los dos músicos. Esta experiencia también fue llevada a cabo por ambos hermanos en la bienal de flamenco del año 2000(véase, El Oro de las Hespérides). Por otra parte, la revolucionaria tesis del origen de buena parte de los elementos flamencos en el barroco hispanoamericano es precisamente la tesis principal del libro(acompañado de disco) La llave de la música flamenca, del año 2009, donde, por cierto, se mencionan por vez primera relaciones entre piezas y autores tan desconocidos para el público como Céspedes y su no menos desconocida guaracha, y las guajiras y tanguillos. Curioso ¿no?

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