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El tiempo de Marina Heredia

Marina Heredia está en una etapa incontestable de voz. Pletórica. Segura de sí misma. Está viviendo un momento muy dulce de su carrera, labrada a fuerza de constancia y trabajo. Anoche se subió a las tablas del Maestranza, en el marco de la Bienal de Flamenco de Sevilla para demostrarlo. La propuesta, A mi tiempo, es un adelanto de lo que será su próximo disco, que aún no está listo. Un homenaje a los cantaores que han marcado su vida llevados todos a su terreno.

Con una escenografía prácticamente inexistente basada, fundamentalmente, en la disposición de los músicos ocupando el escenario y un telón al fondo en el que de vez en cuando se proyectaban las sombras de la ciudad, Heredia salió a las tablas tras una breve introducción de la guitarra de Miguel Ángel Cortés, impecable, como siempre, a cantar una milonga (por Corruco de Algeciras). En seguida, y tras este momento amable, melódico, la cantaora granaína acometió una soleá por bulería acompañada por dos jerezanos dueños del compás (Diego del Morao y José Quevedo, Bolita) con los que demostró el poder de su voz, un metal gitano pero de tesitura amplia, una voz con ecos melosos en los tonos medios y afilada y áspera en los más altos, que Heredia domina, sin miedos, siempre afinada.

Dueña del escenario, siguió con unos fandangos para recordar a uno de sus cantaores de cabecera, Chocolate, en los que puso su voz al límite. Después, unas seguiriyas que arrancó con derroche de voz pero que sonaron más dolidas, más sentidas, cuanto más contenía su portentosa garganta. Por alegrías, Marina Heredia quiso lucirse en los tonos más agudos, desenvolviéndose en ellos con soltura y afinación.

En algunos instantes del recital, Heredia forzó la voz en un grito sin necesidad alguna de hacerlo. Lástima, porque Marina no tiene que demostrar nada, tiene una voz especial, plena de capacidad, en su mejor momento. La cantaora, además, tiene talento de sobra para afinar y poner todo su sentir en las notas que salen de su garganta. Es esta una cantaora expansiva, dueña de la escena, pero quizás para completar su excelente momento eché de menos anoche, por un instante, un momento de recogimiento en su cante.

Para cuando la hija de Jaime el Parrón acometió la caña morentiana de la mano de la guitarra de Cortés, el espectáculo avanzaba rodado, de pleno y puro disfrute. La cantaora quiso descalzarse, quién sabe si para terminar de liberar su arte. Fue este cante uno de los mejores momentos del recital: dominando el compás, recreándose en los coros.

Tras este momento álgido, alcanzado el clímax jondo que requería la ocasión, las anécdotas de Chano Lobato sonaron en su propia voz grabada mientras se proyectaban nuevas sombras en el telón de fondo. Y en eso, se encendieron las luces y de distintos puntos de la grada aparecieron vendedores de marisco ataviados de blanco impoluto, santo y seña de ese Cádiz que huele a sal y a guasa carnavalera. Era el coro de carnaval de Luis Rivero, que con un simpático revuelo fue uniéndose en el escenario y cantaron, a ritmo de tanguillo clásico gaditano, las gracias de Sevilla antes de unirse a Marina Heredia, ahora vestida de flamenca y completamente descalza, que les desafió en un quite de tanguillos Cádiz-Granada muy bien resuelto.

Abierto el capítulo de las colaboraciones, tras los carnavaleros llegó el momento más esperado de la noche, o eso parecía por el entusiasmo del público, que aplaudió hasta romperse las manos. Mónica Naranjo y Marina Heredia, duelo de divas en un exceso de voces a través de una rumba de Bambino. Suerte que la Heredia flamenca regresó del envite para el flamenco y remató el recital con un derroche de emoción: primero por tangos, para acordarse del añorado Enrique Morente, por quien incluso quebró su voz y derramó unas lágrimas, ahora ya con sus tres guitarristas acompañándola y después en una serie de bulerías camaroneras llevadas a su terreno, dos cantes en los que impuso su gitanería y echó el resto.

((Fotos: Antonio Acedo / Bienal de Flamenco))

FICHA ARTÍSTICA
A mi tempo, Marina Heredia. Teatro de la Maestranza. Bienal de Flamenco. Sevilla. Lunes 10 de septiembre de 2012
Cante: Marina Heredia.
Guitarra: Miguel Ángel Cortés, José Quevedo ‘El Bolita’, Diego del Morao. Percusión: Paco González.
Palmas y coros: Los Melli, Jara Heredia, Anabel Rivera.
Dirección de escena: Hansel Cereza.
Invitados: Coro de Luis Rivero, Mónica Naranjo.

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