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Reflexión de mitad de Bienal

Hoy ha tenido lugar una de esas ruedas de prensa de difícil lectura. Y me lo van a ustedes a permitir, pero voy a hacer una reflexión personal sobre la misma. Nos habían convocado en el centro de prensa de la Bienal de Flamenco, en el ex convento de Santa Clara, para hacer una valoración de lo que va de festival, después de haber transcurrido dos semanas del mismo (la mitad, más o menos). En la rueda de prensa se han ofrecido fundamentalmente las cifras, y una valoración de las mismas que me lleva a la reflexión de la que hablaba antes.

Comenzó Mar Sánchez Estrella, delegada de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, esto es, la responsable política del asunto: habló de una ocupación media (de butacas de espacios escénicos, se entiende), del 90% y de una recaudación, por venta de entradas, de 649.338 euros. ¿Cómo se comparan estas cifras con las de la Bienal pasada? Le preguntaron. “Están más o menos en la misma línea de ventas”, contestó. ¿Quiere decir eso que la Bienal no ha notado la crisis? “Sí, podríamos decir eso”. ¿Qué previsión de recaudación hay para el conjunto del festival? “Lo más cerca posible de los 700.000 euros”, responde Rosalía Gómez.

Sin embargo, cuando Gómez, directora de la Bienal, comienza a desgranar los datos económicos, queda patente que las declaraciones anteriores no son del todo rigurosas, o al menos dan para varias interpretaciones. Cierto es que se han vendido todas las entradas de 22 espectáculos, pero los espectáculos que se quedaron sin billetes eran mayoritariamente (salvo Sara Baras) de aforo reducido. De esos espectáculos, además, hay que descontar un número de entradas que no salen a la venta, porque están destinadas a protocolo y prensa. ¿Por qué digo esto? Porque la matización es importante: no es lo mismo llenar un aforo de 100 entradas para ver a un artista en el Dormitorio Alto del Espacio Santa Clara que las 1.800 entradas que componen el del Teatro de la Maestranza. Por otro lado, de la cifra ofrecida (los cerca de 650.000 euros) no es del todo correcta: hay que descontar la taquilla de las tres tardes de Sara Baras en el Maestranza porque la compañía no cobra caché, sino una parte de lo recaudado en taquilla.

Precisamente, Gómez ha comentado sobre la venta de entradas en el Teatro de la Maestranza: “Pocos nombres del flamenco llenan este teatro y es cierto que en esta Bienal no hemos tenido a los más mediáticos: Miguel Poveda o Paco de Lucía“. Sí ha estado Sara Baras, que ha conseguido lo que no ha conseguido nadie más: llenar el Teatro de la Maestranza tres noches seguidas. Y de paso, alabo la decisión de las partes implicadas de que la compañía de la bailaora haya recibido su salario correspondiente de lo recaudado en taquilla: me parece una decisión valiente y comprometida con los tiempos que corren. Muchos otros debieran seguir este ejemplo. Como bien ha explicado la directora de la Bienal, si el festival hubiese pagado lo que cuesta poner en un teatro un espectáculo de Sara Baras tendría que haber dejado fuera de la programación cerca de diez espectáculos pequeños.

Dicho todo esto, voy a la reflexión. Sinceramente, estoy plenamente de acuerdo con la directora de la Bienal sobre la difícil relación entre taquilla y programación: hay espectáculos, ha dicho, que a pesar de no tener un respaldo masivo de público, son de una calidad artística muy alta y es necesario cuidarlos, y que formen parte de la Bienal. Estoy de acuerdo. De hecho, en mis crónicas, siempre intento evitar hablar de aforo. ¿Por qué? Porque el hecho de que se vendan entradas o no se vendan no debe ser la única medida de la calidad de lo que se ofrece sobre las tablas. Si fuese así, siempre actuarían los mismos y sin embargo no todos ellos pasarán a escribir su nombre en la historia del flamenco por su aportación a este arte. En La Bienal deben tener cabida todas las propuestas: las más tradicionalistas y las más rompedoras, las de mucho aforo y gusto del gran público y las de público minoritario. Por eso, precisamente, me parece un acierto total la programación de la Bienal de este año. Creo que Gómez, dentro de las posibilidades presupuestarias y la disponibilidad artística que ha tenido, ha tejido una programación a gusto de todos y en espacios escénicos muy diversos.

No creo que el éxito o el fracaso de esta Bienal, la Bienal de la crisis, deba medirse única y exclusivamente por la taquilla, pero tampoco me parece justo que se use la cifra con un interés partidista (mejor que político), en caso de que alguien se sienta tentado de hacerlo. Desde luego, creo que los datos de taquilla deben llevar a una reflexión: si el Teatro de la Maestranza no se llena con el flamenco salvo nombres contados, igual es hora de tomar la decisión (política) de excluir este espacio escénico del festival flamenco más importante (muy caro de mantener, precio que termina repercutiendo en las entradas). Creo, y esto es una opinión personal que nadie me ha pedido (pero que creo que debo dar), que en la Bienal falta el mimo por el aficionado sevillano, me da igual que sea el más tradicional o el que se acerca al flamenco superficialmente: si el Teatro de la Maestranza, en su programación regular, ofrece la posibilidad de comprar abonos, no entiendo por qué la Bienal no lo hace (y ojo, no lo hacía tampoco cuando mandaban los otros en el Ayuntamiento): abono por disciplinas (un abono de espectáculos de guitarra, otro de cante, otro de baile), abono por tiempo (por semanas), abono por espacios (Teatro de la Maestranza, Teatro Lope de Vega, etc). Algo que, de alguna manera, permita abaratar los precios de las entradas por compra por volumen y fidelizar al público de la ciudad y alrededores.

La estadística siempre nos dice lo que queremos que nos diga en cualquier ámbito que mida, y con las cifras de la Bienal pasa lo mismo. Por eso creo que lo más honesto es: o las ofrecemos en crudo y que cada quien saque sus conclusiones, o intentamos ser rigurosos en el análisis. La Bienal de 2012 es un éxito porque ha logrado sobrevivir, porque la programación es interesante y diversa, cumple con todas las sensibilidades de los aficionados, porque ha incorporado escenarios para el flamenco más que acertados (pienso en el ciclo De viva voz en el Espacio Santa Clara como el ejemplo más claro) y porque a pesar de los recortes está funcionando en taquilla. Pero seamos justos. Usar las cifras para decir “somos los mejores” no cabe en un festival de esta magnitud. Este arte se merece algo más.

Ustedes perdonen. Ahora volvamos a hablar de flamenco.

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Un comentario el “Reflexión de mitad de Bienal

  1. Ya era hora de que reflexiones como esta, dichas por una profesional y muy entendida en este arte, nos llegue a los aficionados. Me gusta. es una exposición franca, extensa y sin red. Totalmente de acuerdo contigo. Nos hace ver otras aristas de nuestro flamenco y de su organización. Tomen nota señores políticos!.
    Enhorabuena POR BLOGUERIAS por tus cronicas y tu reflexión.

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