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Su voz quebrada para el poeta

Su voz quebrada, la de Carmen Linares, volvió a estar anoche al servicio de los versos de Miguel Hernández, esos que presentan inevitablemente al poeta del dolor, de la pasión truncada, del anhelo. Lo hizo sobre las tablas del Teatro de la Maestranza, en el marco de la Bienal de Flamenco, después de haber paseado el espectáculo Oasis abierto. Miguel Hernández Flamenco por otros escenarios y traerlo a Sevilla, así, rodado y corregido, en plena forma.

En una propuesta que combina las guitarras y el piano como acompañamientos a la voz de la Señora del cante y las músicas de Luis Pastor, y cuya gravedad y dramatismo se ven interrumpidos por la fuerza rítmica de Tomasito y las tres coristas, la de Linares se entrega primero por taranta y cartagenera (Andaluces de Jaén), por soleá por bulería (Primavera celosa) y bamberas (Todas las casas son ojos) y cuando llega a la seguiriya (Cada vez que paso), su voz quebrada, su cante sin consuelo, te atrapa con un pellizco en el pecho que ya no te suelta hasta el final de la obra. El cante de Carmen Linares va espesando, quebrado, roto, y una vez más, aunque piensas que esta vez no va a poder llegar, te atrapa y te golpea y ya no te suelta más.

Mucho menos acompañada del piano de Pablo Suárez, en unos poemas que rompen el corsé de la métrica flamenca y vuelan libres, siempre adoloridos, en la voz de una cantaora que con los años pierde voz y gana aplomo, que no hace un cante limpio pero difícilmente más sentido. La Casilda del sediento, Mis ojos sin tus ojos, y un martinete brutal (El sol, la rosa y el niño), el yunque y martillo aquí teclas del piano, y tras él sólo queda la caída libre: la malagueña (El niño yuntero) y los versos finales de la agonía (No puedo olvidar, que no tengo alas, que no tengo mar, vereda ni nada para irte a buscar) que Tomasito y las coristas tratan de aliviar por tanguillos, Carmen Linares por alegrías, y un falso cierre con el Silbo del dale por bulerías, pero ahí estaban esperando de nuevo los versos finales, con imágenes de aquella guerra que enterró al de Orihuela.

Pero anoche, después de cogernos el corazón y arrastrarlo por los versos del poeta, Carmen Linares se reservaba una sorpresa: llamó al escenario a Luis Pastor, autor de las músicas, y junto a él interpretó el primer poema de Hernández al que Pastor puso música, por allá de 1972, Pastora. Y de nuevo el Silbo del dale, unidos el flamenco y las músicas de Pastor, cerrando un homenaje cuidado y estudiado, pero sobre todo, sentido y admirado.

FICHA ARTÍSTICA
Oasis abierto. Miguel Hernández flamenco, Carmen Linares. Teatro de la Maestranza. Bienal de Flamenco de Sevilla. 23 de septiembre de 2012
Cante. Carmen Linares
Guitarras. Salvador Gutiérrez, Eduardo Pacheco
Piano. Pablo Suárez
Percusión. Tino di Geraldo
Coros y palmas. Ana María González, Rosario Amador, Carmen Amaya
Artista invitado. Tomasito
Dirección musical. Carmen Linares
Dirección escénica. Emilio Hernández
Música. Carmen Linares y Luis Pastor

((Fotos: Antonio Acedo / Bienal))

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