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Maestro Paco de Lucía, que estás en los cielos

Hoy es el día. Millones de palabras para despedir a Paco de Lucía. No podía ser de otra manera. Si lo fuera, todos nos estaríamos quejando. Es de justicia.

paco-colita El legado de Paco de Lucía es de tal importancia, es tan importante y tiene tanto peso, que es imposible hablar del flamenco de la segunda mitad del siglo XX sin mencionarle. Y no solamente por su toque flamenco, que también. Es quizá esto lo más evidente: fue un virtuoso de la guitarra flamenca. O quizás podamos decir de la guitarra, sin adjetivos. Porque con su toque no solamente logró la admiración de aficionados y artistas flamencos, también de los ajenos a este arte: podríamos escribir una lista interminable de los que reconocieron (y reconocen) su talento públicamente. Cosa bien sabida es: Paco de Lucía saca de las cuerdas un sonido nítido, limpio y claro cargado de rabia y emoción y a una velocidad de vértigo.

Tanto así, que uno de sus legados es precisamente ese: aceleró el flamenco. Paco de Lucía, que siempre decía que de niño tocaba la guitarra con rabia por el desprecio que él sentía que había hacia el flamenco de la música culta (como si el flamenco no lo fuera), y que siempre quiso demostrarle al mundo que se puede ser un gran guitarrista, un virtuoso, desde el flamenco. Y desde su consagración, todos los guitarristas se han visto influidos por su velocidad, por su rabia, por su virtuosismo, algunos de manera consciente queriendo alcanzarle como si de una carrera se tratase, otros de manera inconsciente, acelerando un poco sus composiciones quizás. Todos admirándoles, todos reconociéndose en él.

Pero Paco de Lucía no es solo virtuosismo. No será recordado solamente como el enorme guitarrista que ha sido, sino porque lo cambió todo. Recuerdo a Juan Carlos Romero contándome, en una entrevista, cómo hoy en día es prácticamente imposible hacer un recital de guitarra de solamente eso, guitarra. Cómo ni el público ni los programadores consideran esta opción, como si se hacía, por decir, en tiempos de Sabicas o de Diego del Gastor. Y esto, en gran medida, es consecuencia de la revolución que supuso Paco de Lucía. Introdujo nuevos instrumentos para el flamenco, fundamentalmente en la percusión (sí, todo el mundo tiene en la cabeza el cajón peruano que Paco de Lucía transformó en flamenco, pero no fue el único) y, tras su despegue en solitario y después de la etapa junto a Camarón, fue Paco de Lucía el pionero en organizar conciertos en torno a la guitarra prácticamente orquestales: guitarras de acompañamiento, percusión, voces de acompañamiento y hasta baile. No hay absolutamente nadie, en el flamenco, que hoy en día no lo haga.

Tampoco en las grabaciones: Paco de Lucía le dio la vuelta a la tortilla y convirtió a la voz, origen absoluto y esencia fundamental del flamenco, en acompañamiento para la guitarra. Elegía para sus discos siempre voces brillantes, agudas, de regusto agitanado e invirtió la ecuación: el lugar de la guitarra dejó de ser el acompañamiento a la voz, la que daba tono y respiración al cante (y dejaba ver su virtuosismo en esas pausas de voz) para que la voz fuese ese acompañamiento en sus discos de guitarrista. Y de ahí, todos los guitarristas solistas le siguieron (y le siguen).

Y luego está su trabajo con Camarón. Punto y a parte. Imposible no nombrarlo. Si ha habido una colaboración artística relevante en el flamenco de las últimas décadas, esa es la de estos dos genios. Talento en plena ebullición que se auto alimenta, dos grandes admiradores el uno del otro, que, cuando uno los oye, siente cómo uno inspiraba al otro y le hacía esforzarse para lograr cotas más altas. De esto, hay tan poco que decir… Tan sólo quizás, que no se debe ser aficionado al flamenco sin escuchar y volver siempre a sus discos.

Y precisamente igual que ocurrió con Camarón, su influencia ha sido tan grande, su legado tan importante, su propuesta tan revolucionaria que hoy resulta difícil encontrar un guitarrista que desarrolle una personalidad artística sin seguir la estela de este gran maestro. Lo menos relevante, dentro de su grandeza, es su inmensa calidad como guitarrista (difícilmente igualable): el gran peso de Paco de Lucía es el impacto tan fuerte que ha tenido en las generaciones posteriores, tanto así, que aún habiendo diferentes escuelas en el toque flamenco, difícilmente escapan estas de la influencia de este genial maestro.

Cuando muere alguien a quien admiras, a quien reconoces una posición elevada en el mundo por sus logros (conscientes o inconscientes), sientes esa muerte de una manera muy profunda. No es como la muerte de un familiar, pero se puede comparar con esta en el vacío que deja. Se va un referente al que acudir cuando te pierdes. Ocurre cuando son pensadores, teóricos, ideólogos, revolucionarios. Pero si además de todo eso, se va un artista, te deja un vacío en los sentidos. De Paco de Lucía siempre nos quedará su obra grabada, claro, pero nunca más le sentiremos cerca en un escenario. Nunca más podremos acudir a él cuando necesitemos sentir ese dolor, esa rabia, que nos transmite su guitarra. Nunca más podremos preguntarle para saber qué camino es el adecuador. Citando a Perogrullo, claro es que cuanto más tiempo está uno en esta vida, más ausencias tiene.

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Por Bloguerías en Radio Exterior

Callej_n_del_cante_FotoLa semana pasada hicimos una colaboración con el programa de Radio Exterior (Radio Nacional) El callejón del cante, dirigido por Manuel Moraga. Una vez al mes, aproximadamente, pondremos la mirada en algún aspecto del flamenco, reciente o no, que nos inspira, motiva o nos falta. En esta ocasión hablamos sobre una cantaora muy popular que está de gira. Os recomiendo que escuchéis el programa completo, con contenidos muy interesantes. Nuestra colaboración está en el minnuto 30:30.

El callejón del cante – Sangre nueva – 23/02/13
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Espectáculo Morente

El Autorretrato de Estrella Morente (Granada, 1980) se estrenó anoche sobre las tablas sevillanas. El Teatro de la Maestranza recogió, con algo más de medio aforo y muchas ganas por parte del público, el inicio de gira de la cantaora granaína en la que presenta en directo su último trabajo discográfico, el cuarto de su carrera. Fue un concierto con intención, de puesta en escena trabajada, con dos partes diferenciadas, un fuerte trabajo musical y de diseño.

estrellasevillaEstrella apareció sola en el escenario con bata de cola negra para hacer una primera parte más flamenca quizás, más recogida. Le sobraron ganas y su voz sonó limpia, afinada, poderosa en los tonos medios y sin mucho adorno, yendo al grano, sin detenerse para saborear los tercios o adornarlos con florituras.

Comenzó con el pregón de las moras, que en Autorretrato acompaña al piano Michael Nyman, igual que el Réquiem Le di caza al alcance, una pieza musical de Nyman a la que ella le ha puesto letra con un poema de San Juan de la Cruz. Cantó con emoción y potencia, pero para un momento tan íntimo y personal hubiese sido interesante escuchar su voz cruda, sin arropamiento musical, demostrando los mimbres de los que está hecha esta artista, la última diva del flamenco. Estrella eligió anoche hacer un espectáculo para todos los públicos, no exento de flamencura, pero sobre todo expansivo, de canción más que de cante.

El guitarrista jerezano Alfredo Lagos acompañó a la cantaora en unas sevillanas de sabor antiguo, Fernando camisa, marcadas con las castañuelas de la granaína, rápidas, seguidas de una soleá y unos tientos para los que Estrella siempre se mira en el espejo de su admirada Pastora Pavón, La Niña de los Peines.

estrella_morente_autorretra

Motoyita, acompañante habitual de la cantaora, tomó el relevo del jerezano para acompañar a Morente por peteneras – soleá (en las que Estrella quiso homenajear a su padre Enrique eligiendo algunas de las letras de su repertorio pasadas por su personal tamiz vocal y de interpretación) y en unas seguiriyas que marcaron el parteaguas del concierto, el momento de quiebre, de intensidad, de enjundia flamenca en la voz de la cantaora.

Un interludio de percusiones abrió la segunda parte del recital, ahora espectáculo, con mucha música, mucho teatro y un flamenco más diluido. Y a pesar de eso, de nuevo, hubo una declaración de intenciones, eligiendo una de las perlas de Enrique Morente para el momento: La Estrella, deliciosa en la guitarra de Motoyita, íntima y doliente, que creció y se diluyó un poco en la incorporación del resto de instrumentación. Arreglada en Autorretato por tangos (también anoche), la versión de Estrella, siendo hermosa, falta de cierta emoción en el desgarro y angustia de la versión de Enrique. Es esta una Estrella más orientada a la belleza y al disfrute que a la inquietud y desasosiego que provocaba la otra, bellas las dos.

Esa emoción diluida recorrió toda la segunda parte del espectáculo. La cantaora fue más cantante y showwoman que cantaora, y en todo el recital, se sintió cómoda en los tonos medios y no se movió mucho de ahí, le puso empeño y pasión, pero fue sobre todo dueña de la escena. Incluso prefirió cantar de pie casi todo el recital, libre para bailar, con pose y paso estudiado.

La Habanera imposible, en el disco interpretada a la guitarra por Vicente Amigo, quedó como una preciosa y musical canción por bulerías. También los Tangos toreros compuestos por Estrella, y salvo en las bulerías, que recuperaron el tono flamenco, la fiesta se diluyó en un buen concierto (que no es poco, pero no es suficiente en una flamenca como esta). Ahora Estrella dejó atrás la bata de cola y vistió de blanco, con un apropiado vestido de flecos que le ayudaba en esa expansión de alegría y baile que fueron las sevillanas que ha dedicado a Lola Flores en su último disco como por rumbas (sonaron Canción del bembón y Cuba Cai de Autorretrato).

Lástima que olvidara Estrella presentar a los músicos y que no se repartiese en el teatro el socorrido programa de mano, en un espectáculo tan ensayado y orquestado como este. Y digo lástima de olvido, pues hubiera sido un justo y digno reconocimiento unos músicos que pusieron entrega y calidad para estar a la altura de la cantaora.

Tras Sevilla, ahora Estrella recorrerá algunos de los mejores teatros del país con esta gira de presentación. La parada siguiente es Barcelona y su Palau de la Música, el próximo día 16 de febrero. El resto de fechas puede consultarse en la web de la artista.

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Tras los pasos de Niño Miguel

Esta semana Huelva acoge una edición más (y ya van 38) de su Festival de Cine Iberoamericano. En él, el flamenco va a tener un lugar destacado, gracias al homenaje que han organizado a un guitarrista injustamente olvidado durante muchos años que, gracias a una trilogía documental, ha vuelto a los teatros y a los oídos de los aficionados al flamenco. Se trata de Niño Miguel, nacido Miguel Vega de la Cruz (Huelva, 1952), un guitarrista al que todos los artistas flamencos admiran y de una sensibilidad extrema, capaz de hacer un recital sólo de guitarra, sin más acompañamiento, y que el público le ovacione, tal como hizo en su regreso a los escenarios, en el Teatro Central, el año pasado.

La vuelta de Niño Miguel ha sido en parte gracias a La sombra de las cuerdas, un documental que recoge su vida y su trascendencia para el flamenco en el que trabajaron durante cuatro años, Chechu García Berlanga, Benoît Bodlet y Annabelle Ameline. En él están muchos de los grandes nombres de la guitarra flamenca, algunos para poner en valor a este genial guitarrista y otros, como Tomatito, por su relación familiar con él (el almeriense es sobrino del choquero). “El documental es una autoproducción que hicimos tres personas con una furgoneta por toda España, buscando y llamando a todas las puertas para conseguir que los mejores artistas del flamenco nos hablaran de la relevancia de Niño Miguel”, me explica Chechu García Berlanga en una entrevista una tarde lluviosa en Sevilla. “Nosotros realizamos el documental con dos objetivos: el primero era denunciar públicamente la situación en la que Miguel estaba e intentar ayudarle y por otro lado, reivindicar que la música que él está haciendo actualmente es muy diferente a la del resto de guitarristas, con su propia personalidad y su propio sello, queríamos un poco divulgar que este artista sigue muy vivo”.

Niño Miguel vivía, a causa de una enfermedad mental, en la calle, tocando por unas monedas de los viandantes que se paraban a escuchar su guitarra que casi nunca tenía las seis cuerdas. Desde los cuatro o cinco años Niño Miguel tuvo ya que trabajar por la noche como guitarrista, porque su padre, el Tomate de Almería, le llevaba junto a él a las juergas y tablaos en los que trabajaba. “Como dice Onofre López en el documental, Niño Miguel nunca fue niño, su padre en seguida vio que tenía aptitudes y le llevó a trabajar con él. Tuvo una infancia en la que vio cosas que un niño no tiene que ver porque, como dice Tomatito, a los ocho o nueve años, Miguel ya tocaba más que su padre”. Después de este arranque precoz en la guitarra, Miguel consiguió un contrato con la casa de discos Philips en 1974 para hacer cuatro discos, de los que sólo pudo hacer dos, porque la vorágine en la que se vio metido pudo con su sensibilidad y le hicieron desarrollar una enfermedad mental.

“Nosotros comenzamos a hacer este documental en 2007”, explica García Berlanga. “Desde el principio le dijimos que queríamos hacerlo para ayudarle a salir de la situación en la que estaba, y de hecho nos comprometimos con él a entregarle la mitad de los beneficios generados por la venta del documental, cosa que hemos mantenido”. No fue fácil dar con él. “Miguel entonces era una persona imprevisible, no sabías dónde le podías encontrar, así que le grabábamos cuando podíamos, cuando le encontrábamos”.

Atraídos por la fascinación de un genio no reconocido, García Berlanga y sus compañeros, ajenos al flamenco, no sabían la envergadura de lo que tenían entre manos. “Nosotros no sabíamos la magnitud del artista que teníamos delante, porque en Huelva todo el mundo decía: este hombre y Paco de Lucía, los mejores artistas de la historia, y claro, no sabes si es orgullo de un pueblo que quiere resaltar al artista local o si realmente tenían razón. No había mucha biografía tampoco, no se podía ver mucho al respecto. Había que preguntar”. Por el camino encontraron grandes artistas que les corroboraron lo que se decía en las calles de Huelva.

Cantaores como Arcángel o Enrique Morente y figuras de la guitarra como Paco de Lucía, Niño Josele, Tomatito, Pepe Habichuela, Rafael Riqueni o Juan Carlos Romero, pusieron su voz para desentrañar por qué Niño Miguel es uno de los grandes guitarristas de su generación. “Miguel ha tenido siempre mucho instinto. Conocía el lenguaje secreto del instrumento“, explica Romero en el documental. “Yo recuerdo cuando éramos muy jóvenes, pasábamos noches enteras tocando la guitarra y era impresionante ese hombre cómo tocaba la guitarra”, opina Paco de Lucía. Pero García Berlanga recuerda con especial cariño la noche que pasaron con otro guitarrista que ha vivido dificultades, el sevillano Rafael Riqueni. “Pasamos una noche muy especial. Fuimos a su casa y estaba sacando una fantasía en la guitarra y la tocó para nosotros…”

Gracias a este trabajo, además, García Berlanga y Bodlet lograron que Niño Miguel volviera a los escenarios. Fue en el Teatro Central de Sevilla, el 29 de noviembre de 2011, un concierto que fue grabado y está disponible ahora en DVD. “Benoît y yo volvimos a la carga en 2011, empeñados en que Miguel diese un concierto en un teatro. Hablamos con el Instituto Andaluz de Flamenco, nos cedieron el Teatro Central de Sevilla y organizamos un concierto”, explica García Berlanga. “El público estaba volcado porque Miguel aparecía recuperado tanto física como psíquicamente, era un milagro, la historia viva de una persona por la que mucha gente no apostaba”. El milagro ha vuelto a repetirse hace unos meses cuando, en la reciente Bienal de Flamenco de Sevilla, el guitarrista decidió presentar el documental sobre su vida con un concierto improvisado en la sala de prensa.

Quienes aún no le conozcan o quieran volver a deleitarse con su arte pueden hacerlo ahora en Huelva. La sombra de las cuerdas se proyecta los días 21 y 24  de noviembre (ver horario completo en la web del festival). El documental está disponible a la venta en formato DVD en tiendas especializadas y en la web de la productora www.anabenche.es

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El lugar de los gitanos

El flamenco no sería el flamenco sin la contribución y el protagonismo, en su origen y desarrollo, del pueblo gitano. Parece una perogrullada, probablemente lo sea, pero también es necesario recordarlo, de vez en cuando. No podría entenderse tampoco la historia del pueblo gitano, la que se desarrolla en nuestro país, sin su desarrollo artístico y musical más importante: el flamenco. Por todo esto, el flamenco y sus artistas gitanos ocupan un lugar más que destacado en una exposición que en estos días se exhibe en Madrid dedicada a la contribución de los gitanos a la cultura y sociedad españolas. Vidas gitanas, Lungo drom, es una muestra que recoge más de 400 piezas, entre las que hay imágenes inéditas del cantaor Camarón de la Isla o las botas de baile que Mario Maya calzó para el estreno de su Amor brujo en París.

La exposición, que ha sido ya vista en Granada, se inauguró el pasado 10 de octubre y se mantendrá en la sala 2 del Centro Conde Duque de Madrid hasta el próximo 20 de enero.

Me van a permitir el comentario: parece mentira que en el siglo XXI sea necesario aún una muestra que ponga en valor las aportaciones del pueblo gitano en los seis siglos que llevan en España. Pero así es. La propuesta de la Fundación Instituto de Cultura Gitana y Acción Cultural, organizadores de la muestra, pretende precisamente seguir desmontando tópicos en torno a este pueblo y ofrecer un testimonio positivo a través de los grandes nombres gitanos que forman parte de la historia de la cultura española. Los oficios, el papel de la mujer gitana, la religión, el asociacionismo y el avance en los derechos del pueblo gitano son algunos de los temas presentes en la muestra. También sus artistas y es por esto que el flamenco adquiere una relevancia capital en la muestra, que aporta fotografías histórica y contemporáneas, vídeos, documentos, objetos y elementos interactivos.

Las fotografías explican, a través de imágenes potentísimas testigos de una época, la evolución y vida diaria de los gitanos de otros tiempos. Las de Jacques Lèonard cedidas por el Arxiu Fotogràfic de Barcelona, y las históricas imágenes de Colita y Catalá Roca, y de la obra de Steve Kahn, Mark Johnson, Robert Klein y David George, englobadas en la muestra Flamenco Project.

(En la imagen, Bernardo Peña y María La Perrata, padres del cantaor El Lebrijano, en la puerta de su casa de Lebrija. Foto tomada en 1969 por Steve Kahn)

Está Camarón, está Diego el Cigala, los Amaya, La Chunga y los Amador y su histórico grupo Pata Negra, pero también hay otros. Uno de los nombres propios es el de Tere Peña, de la saga de los Pinini y heredera del flamenco de Lebrija: es la hermana de Juan Peña, el Lebrijano. Su nombre es relevante por su dedicación al flamenco desde otra trinchera: la de la comunicación. Peña logró el Premio de la Cátedra de Flamencología de Jerez por su trabajo en la difusión del flamenco a través de un programa que mantiene en la emisora de radio Radiolé, Temple y pureza.

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La supervivencia de los Jueves Flamencos

Cierto es, voy con retraso, el ciclo comenzó a primeros de mes. Sin embargo, hay que reseñarlo: en los tiempos que corren organizar un ciclo cultural es un acto heroico, más si lo organiza la Obra Social de una caja de ahorros que ya no existe. Me refiero a los Jueves Flamencos de Cajasol, un ciclo que se mantiene, después de 28 años en cartel, en Sevilla y que el 4 de octubre comenzó su edición de Otoño 2012.

Pero si es casi un milagro que se mantenga, parece otro milagro el cartel que presenta. Cabría pensar que dada la situación actual, el cartel iba a dejar mucho que desear, pero no es así. El ciclo que organiza Cajasol es una oportunidad fantástica de ver, en un espacio adecuado para el flamenco, nombres que despuntan o incluso que viven su mejor momento.

Arrancó con un recital de José Menese, cantaor que lleva 50 años en el flamenco y al que está dedicado esta edición de los Jueves Flamencos por esta efeméride. Aquí van algunos nombres que merece la pena no perderse:

++Patricia Guerrero (Granada, 1990), que actúa el 25 de octubre. Es una joven bailaora que despunta como solista del Ballet Flamenco de Andalucía y que en la reciente Bienal de Flamenco de Sevilla ha demostrado que tiene los mimbres para convertirse en una gran bailaora. Patricia es una bailaora muy plástica, de técnica depurada y limpia, además de poseer detalles de arte en sus movimientos. En la Sala Joaquín Turina presenta una coreografía propia, un paso más en su carrera de despegue.

++Otro de los nombres que pueden empezar a sonar fuerte en un futuro cercano en el baile es Rafael Campallo (Sevilla, 1974), un joven que, de nuevo en la pasada Bienal, despuntó dentro de una obra coral, el espectáculo de clausura, y que seguro que dará mucho de que hablar pronto. El sevillano, que ha estudiado con maestros como José Galván o Manolo Marín, posee un estilo fresco, un baile de fuerza pero con mucho estilo, y en los Jueves Flamencos tendrá el 8 de noviembre, además, un invitado especial de auténtico lujo: el cantaor José Valencia, una de las mejores voces de su generación.

++A los cantaores Argentina (15 de noviembre) y Arcángel (13 de diciembre) no hace falta presentarlos, ni casi recomendarlos. Si a Patricia Guerrero y Rafael Campallo los recomiendo como flamencos que comienzan a despuntar, estos dos nombres del cante hay que ir a verlos porque se encuentran, probablemente, en el mejor momento de sus carreras. Los dos tienen reconocimientos y méritos suficientes para liderar cualquier cartel de cualquier festival. Verlos en un espacio como la Sala Joaquín Turina es tremendamente especial, por la intimidad y calidez del lugar. Arcángel viene de un éxito absoluto en la Bienal de Sevilla junto a la Accademia del Piacere con un proyecto de tremendo éxito combinando flamenco y música barroca, y en este recital volverá al cante por derecho. Argentina, que no ha estado presente en la reciente Bienal, vuelve a Sevilla con su último disco, Un paseo por el cante (segunda vez que lo presenta en la ciudad).

++Farruco, (Antonio Fernández Montoya, Sevilla, 1988) representará en este ciclo a la saga a la que pertenece. El bailaor, que últimamente forma parte del grupo de artistas que acompañan en sus conciertos al guitarrista Paco de Lucía, presenta el 29 de noviembre un espectáculo propio en los Jueves Flamencos.

++El ciclo lo completan la bailaora Leonor Leal (6 de diciembre), que estrena espectáculo, de nombre Mosaícos, un montaje sobre “la geometría musical y dancística” (dice su web) y una zambomba navideña, este año con aromas de los puertos, el 27 de diciembre.

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Conclusión: Homenaje a Sevilla y su baile

…Y la Bienal 2012 se despidió. Lo hizo con dos horas y media de espectáculo (La punta y la raíz. Un paseo por el baile de Sevilla), con un mundo de artistas sobre el escenario, con un homenaje a Sevilla y su baile flamenco. Un espectáculo con ritmo, bien dirigido, aunque como siempre, habrá quien opine que habría hecho falta un poco más de esto o un poco menos de aquello.

La directora del montaje, la bailaora sevillana Rafaela Carrasco, propuso un espectáculo tan denso, tan completo y con tanto acierto, que resulta difícil resumir y encajar en cuatro párrafos todo lo que ocurrió en el escenario y más, quedarse con uno solo de los momentos especiales creados encima del escenario. Porque no se intentó lo imposible: a los participantes se les encargaron estampas, bailes acaso breves pero bien montados, con la buena fortuna para el público que llenó el aforo de que todos los participantes ofrecieron un baile inspirado, bien orquestado, con ritmo y bien coreografiado.

Comenzó el homenaje a Mario Maya (cuyo corazón se paró en una Bienal pasada), primero una coreografía suya –Tiempo-, que años después sigue resultando fresca y vanguardista, bailada por sus discípulos (la propia Rafaela Carrasco entre ellos), su hija Belén Maya después, con su martinete bailado sentado en una silla, un martinete sin cante, de puro compás, marcado por su zapateado y las palmas de los cantaores.

Le siguió el homenaje a José Galván, creador de una dinastía bailaora a través de sus hijos Israel y Pastora, que si bien demostró cómo se entiende una soleá desde los cánones del baile sevillano con un baile de arte, saboreado y muy metido en compás, protagonizó uno de los momentos más emotivos: Galván pertenece a ese grupo de artistas silenciosos (y por silenciosos se debe entender que no generan ruido mediático), trabajadores del flamenco por décadas y maestro de artistas, siempre con menos reconocimiento del que merece: verlo anoche sobre las tablas del Maestranza, que su hija Pastora, llamada a hacer grandes cosas en el futuro del flamenco, le cediera el protagonismo que le corresponde (a través del juego con una silla que iba mudando de lugar en el tapiz señalado como espacio de baile) para llamarle maestro, cerrar con una fiesta eléctrica compartida, fue uno de esos momentos que quedarán en la memoria de esta edición de la Bienal.

Lo curioso del asunto, como decía, es que no fue el único momento especial de la noche. Ver a Matilde Coral, maestra, explicando en una proyección a Rafaela Carrasco, discípula, cómo ha de ser el baile sevillano, cómo se bailan unas cantiñas, descaradas, luminosas, disfrutadas y “para que el librepensador diga: ¡qué maravilla!” (en palabras de Coral) y luego verlas en la figura de Carrasco enfundada en una bata de cola roja, fue otro momento para el recuerdo. Mucho más cuando, ya finalizada la obra, subió al escenario la propia Matilde Coral (qué bonito poder homenajear su trabajo y su arte en vida) y se animó a dar su pataíta por bulerías, que ni su bolso quiso dejar en el asiento y se lo dejó en prenda a Manuela Carrasco, otra pataíta de arte y de inspiración.

Pero antes de eso hubo homenaje también para Manolo Marín, el de Adela y Rafael Campallo con un grupo de cuatro bailaores más por tangos, con un broche de Rafael en solitario, fuera del tapiz que marcaba el espacio de baile, de baile inspirado, de arte, con sabor a fin de fiesta.

Pero quedaba más. Más imágenes, esta vez las de Los Bolecos (Matilde Coral, Rafael el Negro y Farruco). Sobre las imágenes proyectadas, las de las coreografías originales, sobre el escenario las bailaron los herederos, y sobre todo, el nieto del protagonista, Farruquito, que después hizo una soleá inspirada, de baile templado y roto en un zapateado eléctrico marca de la casa.

Un garrotín cantado y bailado, por Merche Esmeralda, sirvieron para poner en valor ese baile coqueto, de sabor, sin exhibiciones técnicas homenaje a Adelita Domingo, completado por el también garrotín de Manuela Ríos, que es la frescura, el descaro, la feminidad. Tras ellas una tercera soleá, la del mantón y la bata de cola (Isabel López) y la fiesta del cierre, por alegrías (Yolanda Heredia) y bulerías (Hiniesta Cortés), un cierre en falso porque el broche de oro lo puso Rafaela Carrasco y su ocurrencia de llamar al escenario a todos los maestros presentes. Y a la fiesta de despedida de esta Bienal y de celebración del flamenco se sumaron Cristina Hoyos, Isabel Bayón, Manuela Carrasco, Matilde Coral, Javier Barón…

FICHA ARTÍSTICA
La punta y la raíz. Un paseo por el baile de Sevilla. Dirigido por Rafaela Carrasco. Teatro de la Maestranza. Bienal de Flamenco de Sevilla. 30 de septiembre de 2012
Artistas invitados. Merche Esmeralda, José Galván
Baile (solistas). Rafaela Carrasco, Belén Maya, Pastora Galván, Farruquito, Rafael Campallo
Cuadro flamenco. Manuela Ríos, Hiniesta Cortés, Isabel López, Yolanda Heredia
Baile (cuerpo). Adela Campallo, Pilar Ortega, Miriam Conde, Beatriz Santiago, Julia Acosta, Manuel Betanzos, Marcos Vargas, Ángel Atienza, Francisco Mesa Nano, José Luis Vidal Lebri, Alejandro Rodríguez, Raúl Gómez, Juan Aguirre
Guitarras. Ramón Amador, José Luis Silva Morito, José Antonio Suárez Cano, Rafael Rodríguez, Jesús Torres
Cante. Miguel Ortega, Moi de Moron, Antonio Campos, Antonio Zúñiga